Es sábado 13 de agosto, mi último día en Roma. Sin dudas que queda muchísimo para ver, pero yo considero que de lo más importante solo me falta el Colosseo.
Dejamos la casa con Giù, y yo decido enfilar con el bus para el lado del Colosseo, pero antes voy a pasar por iglesia de San Giovanni in Laterano (la catedral de Roma), y el monte Esquilino, que están ubicados en la cercanía y en mi mapa están ambos con letras negritas.
Si leiste mi anterior post, "Adoremos...", te habrás preguntado cuáles son los "trucos" que me recomendaron para Roma. Bueno, no estoy orgulloso de ello, pero es crucial que lo sepas para que entiendas esta anécdota de mi viaje.
Lo que me dijeron fue "en Roma nadie paga el servicio de transporte público", entonces yo casi me tatúo esta frase en un brazo. Excepto por las veces que viajé con Giulia, no pagué nunca el boleto. Sin embargo tenía algunos comprados, en caso de que se me presentara algún inspector, pero no los he visto nunca, así que no hay pánico. Hay rumores de que acá no hay inspectores. Para que sepas, los boletos son tarjetas magnéticas descartables, que valen por 90 minutos para cualquier transporte, y cuestan tan solo 1€.
Me subo al bus que me llevará a la iglesia San Giovanni, de espaldas a la dirección del recorrido, comiendo unos deliciosos croissant, tomando yogurt, mientras me copo escuchando música y me repaso algunos de los nombres de los edificios me mostró Giulia el primer día. "Soy todo un romano", pienso, " hasta puedo andar en bus sin garpar!". Es el 3er día, y solo el entusiasmo hace que no sienta el cansancio, pero tal relajación me juega en contra y me duermo por 10 minutos... hasta que alguien me despierta, tocándome el hombro. Giro la cabeza para ver quién osa a despertarme, pero no tengo tiempo para preguntar nada y veo 3 personas en camisas celestes y anteojos de sol, cuando escucho "billete?". "Inspectores!!! LPMQLP!!!". Sin embargo intento mantener la calma, porque confío en que mis habilidades de actor me van a sacar del apuro. Comienzo a revolver las cosas en mi mochila, y encuentro uno de mis boletos usados. Se lo doy al inspector, quién lo mira, de un lado y del otro, pero luego me fija la mirada mientras me dice secamente "no". Le saco otro, que también es rechazado. Finalmente saco el tercero y último usado, pero evidentemente este tipo quiere el de hoy. Hasta esto los otros dos inspectores han terminado de hacer su trabajo y se paran detrás de quién se está haciendo cargo de mi, escoltándolo. Me rindo y le digo "no lo tengo, lo debo haber perdido cuando cambié de bus", mientras saco uno nuevo de mi mochila dicéndole "lo marco ahora, a este, ok?", haciéndome el ofendido, confiando en que con eso se irá y se olvidará de esta historia. "No, quiero el de ahora" me dice. Mierda!. "No lo tiene?" y acá es donde yo comienzo una discusión de 10 minutos, en donde le invento 53 excusas. Entre las que recuerdo "pero si compro los boletos, por qué no habría de marcarlos?!" (por boludo, está más que claro), "soy un turista, cómo cree que no voy a pagar mi boleto?!",etc, etc. "Si, si, lo compra, pero no lo marca; lo compra, pero no lo marca" me dice el tano. "Documento!". "Cagué" pienso, mientras me arrepiento enormemente de haber seguido esa recomendación. Encima, es todo un show gratuito para los ocasionales viajeros. El inspector toma todos mis datos del pasaporte, pero no ve mi visado alemán y escribe la dirección argentina. Al terminar me dice "firme acá", a lo que me niego rotundamente, excusándome que es mi último día en Europa, que mañana vuelo a Argentina y que por ello no tengo más dinero (cualquiera). A pesar de que me amenaza, diciéndome que "dopo e più" (después es más alta) yo sigo firme en mi postura. Finalmente se da por vencido y los 3 se bajan en la siguiente parada. Al frente mío hay un renegado social que también se ha comido una multa por dormilón, y le pregunto si pasa algo, a lo que me responde con una sonrisa y encogiéndose de hombros.
Me alivia que no me hayan querido llevar en cana o que la mafia italiana me haya dado una golpiza y arrojado mi cuerpo mutilado al Tévere, pero me queda un sabor amarguísimo de qué pasará cuando quiera salir de Italia, además de sentirme un delincuente y una rata inmunda por ahorrarme un par de euros. "Para recuperar lo de la multa, tengo que subirme sin pagar al bus mínimamente 90 veces más sin pagar", pienso para mis adentros, pero considero que la lección está aprendida y que no volveré a intentar "picardías" nuevamente. Por cierto; mamá, papá, si me llegó una carta en italiano a casa, no la abran. Déjenla ahí, y cuando vuelva me haré cargo de la multa. Aprovecho para cambiar el consejo que a mi me dieron: paguen todo, y ahórrense los malos momentos. Y no se horroricen, sigo siendo buena gente.
Lo ocasión es más que ideal para limpiar mis pecados en la iglesia San Giovanni in Laterano. La iglesia no deja de ser preciosa, pero después de haber estado en la Basílica de San Pietro, es como que todas las otras iglesias juegan en la B. Dentro de ella, donde la gente le arroja dinero al santo, puedo apreciar un billete de $2 argentinos y me da cierta nostalgia. Luego de hacer las fotos correspondientes, considero que mi alma está perdonada y me largo de aquí.
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| La fachada de la Basílica San Giovanni in Laterano |
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| La plaza enfrente de la iglesia |
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| El símbolo (de qué?) en el piso, de marmol, naturalmente |
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| 0,166666666666666667 Euro |
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| Los fieles |
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| El lujo, una constante en las iglesias romanas |
Dejo la iglesia atrás y me dirijo en dirección al Colosseo. En el camino encuentro otra vez, un obelisco con inscripciones egipcias. Ya he visto varios de éstos, y Giulia me contó que fueron traídos por los antiguos emperadores desde las lejanas tierras del Nilo para embellecer plazas, monumentos y en particular los Circos de Roma, pero que ya ninguno ocupa su lugar original.
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| Uno de los obeliscos, con inscripciones egipcias |
Sigo caminando hasta que me topo con la Basílica di San Clemente, una iglesia muy pequeña, pero pintoresca del siglo XII. Se merece sus fotos y de paso practico un poco con mi cámara en la función manual. Los resultados son bastante pobres.
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| La Basílica de San Clemente, más humilde... |
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| ... por fuera. Por dentro es también espectacular |
Por fin llego al Monte Esquilino, que está justo a la par del Colosseo, y hoy es un parque espectacular con árboles, flores y jardines. Se nota que es sábado por la tranquilidad con que la gente pasea ahí, lee el diario sentada en los bancos y pasea sus perros. El día está tan espectacular que me dan ganas de tirarme por ahí bajo la sombra de estos árboles sin hacer nada, pero sé que la cola para entrar al Colosseo debe ser bastante larga, razón por la cuál descarto esa idea.
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| Alguien tiene sed? El agua con jabón abajo es tentadora |
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| El gigantesco ícono romano, desde el Monte Esquilino |
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| El Monte Esquilino, y su parquizado |
Llego finalmente al gran anfiteatro y, efectivamente, la cola es mínimamente de 300 mts. Otra que la Basílica de San Pietro. Doy vueltas, mirando la gente que espera, pensando que me podría encontrar un conocido. Vacilo un poco si quedarme o no, porque me parece una aberración perder horas esperando acá. Hasta que cerca de la entrada veo a un "puma", un chico con la camiseta de la selección nacional de rugby. Me acerco y digo "argentino de dónde?". "Chaco, y vos?!". Genial! He encontrado gente con la que charlar un poco, y encima no tengo que hacer la cola. Son dos amigos, uno de 18 años y el otro de 21. Tampoco me acuerdo sus nombres, pero si sus historias. El de 18 se quedó sin viaje a Bariloche por falta de organización y su papá, a cambio, le pagó el viaje a Europa. En su actitud se nota que hubiera preferido 1000 veces más ir a Bariloche. El otro, quién lleva la camiseta argenta, es estudiante de ciencias políticas, más maduro y abierto para charlar. Mientras entramos, me cuentan un poco de su viaje. Han estado en Amsterdam, París, Florencia, Venecia y Barcelona, donde vive el hermano del más chico. Me pregunta si viajo solo, a lo que contesto afirmativamente, y le despierta un "Qué huevos!". Yo todavía no lo veo tan complicado viajar solo y lo estoy disfrutando muchísimo.
Llegamos a la boletería y la entrada cuesta 12€, pero 8€ para estudiantes, por lo que les muestro mi tarjeta de estudiante alemana. Sin embargo no es suficiente, porque soy sudaméricano y el descuento es para estudiantes europeos. Por supuesto, no me quedo callado y le replico algo, a lo que el hombre de la ventanilla me termina diciendo "lo siento". Pago resignado y finalmente entramos.
No me arrepiento de haber entrado, pero si creo que el Colosseo no es lo mejor de Roma. Me parece que es una incoherencia ir a Roma y no entrar al mismo, aunque pienso que si algún día vuelvo por acá no volveré a entrar. Está todo transformado y me parece que no cuidaron la originalidad del lugar. De todas formas la historia que arrastra este monumento es apasionante. Debe haber sido espectacular estar en este lugar con 50000 almas eufóricas viendo esos espectáculos bárbaros y hasta bizarros (llegaron a traer jirafas para enfrentarlas a otros animales).
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| Está claro dónde estoy, no? |
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| Una ruina histórica... y un escenario modelo siglo XXI |
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| Buena foto que hizo uno de los chaqueños, salvo por el viejo que lleva un bolso de mujer |
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| Una pintura que refleja el apogeo del gigantesco anfiteatro |
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| La última foto del Colosseo, ya saliendo de él |
El más pibe de los dos chaqueños se sienta en cada piedra que encuentra y no ve la hora de dejar este lugar. Sin embargo, yo no le doy pelota y son ellos quiénes me siguen. Empiezo a notar las ventajas de andar solo: el que manda soy yo. Finalmente, después de largas 2 horas y media, decido que es tiempo de ir a ver otra cosa, y les propongo llegar a pie hasta Piazza del Popolo, pasando por Piazza di Spagna, donde he visto en postales que hay una escalinata espectacular. Ambos aceptan, y yo me alegro de no tener que andar solo.
A esta altura, todos tenemos hambre, y uno de ellos me dice que quiere probar "pasta italiana". Yo los guío sin mirar el mapa de Roma a esta altura, y ellos no pueden entender cómo hago para ubicarme. Es fácil perderse en las callejuelas del casco viejo de la ciudad. Les muestro en el camino, como si yo fuera un romano, Piazza Venezia y luego la Fontana di Trevi, donde encuentran el lugar para comer. Me preguntan si los acompaño en el almuerzo, y acepto. El lugar es una cagada, es caro y el plato de comida mezquino. Y claro! Estamos a 10 mts de la fuente mega turística! Sin embargo, estos chicos están chochos con sus fideos Don Felipe con puré de tomate Molto, por lo que me guardo mi opinión.
Seguimos camino, bajo el radiante sol y el calor que se desprende del ardiente asfalto. Parece que mi ritmo es demasiado para ellos dos porque me dicen "caminás todos los días?!". "Si, claro, así se conoce mejor, pienso". "Ah, está bueno. Pasa que vos tenés buenas zapatillas y yo ando con estas" me dice, señalándose las "sneakers". "Ehhhh... si, probablemente sea eso". Qué flojera que tienen estos chicos de hoy!!!
Llegamos a Piazza di Spagna, y es un mundo de gente sobre la fuente al pie de la escalinata. Les digo a los dos pibes que quiero subir para ver todo desde arriba, pero viendo su cansancio les aclaro que no hay problema si no quieren seguirme. El más chico protesta, y el otro dice "y bueno...". No obstante, ambos me siguen. Me decepciono al llegar a lo más alto, y los otros dos aprovechan para criticarme la idea entre bromas.
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| La escalinata de Piazza di Spagna |
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| La "espectacular" vista desde lo más alto de la plaza |
"Vamos a Piazza del Popolo?" arengo. "Sí, claro" contestan. Llegamos ahí y determino que acá es el final de mi paseo. La plaza tiene otro obelisco egipcio, de estilo neoclásico y es el punto donde nacen un par de calles de Roma: la Vía del Corso, la Vía del Babuino y la Vía di Ripetta.
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| Mas obeliscos |
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| La plaza del Pueblo, con sus esculturas |
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| Otro ángulo de la plaza |
Descansamos un rato, y los otros dos se acuestan literalmente en el piso. Me dicen que se nota que yo estoy acostumbrado a caminar porque ellos no dan más y me ven entero a mi. Sin embargo, yo ya acuso bastante cansancio también.
Decidimos emprender el camino a nuestros respectivos lugares de hospedaje, pasando por el Parque Pincio, donde un tipo toca la guitarra y canta bossa nova. La vista desde acá a la ciudad es mucho mejor, pero el sol está exactamente de frente y no habrá fotos esta vuelta. Ahora saco una naranja que me había comprado, y la pelo con las manos. Los otros dos se asombran y a esta altura deben pensar que soy Robinson Crusoe. "Con las manos pelás la naranja?". "Supervivencia, changos, supervivencia" les digo, inflando el pecho. Si supieran estos dos...
Llega el momento separar los caminos. A ellos les quedan 2 días en Europa y les deseo lo mejor para lo que les resta y un buen viaje de regreso. Ellos me desean buena suerte para mi larga estadía aquí.
Vuelvo a casa de Giulia, pero ella no está en el depto, por lo que me tiro como ciruja en el piso a esperar que llegue. Busco una "pesca" que tengo en la mochila, pero está toda magullada y blanda, por lo que me abstengo de comerla y se la "dono" de abono a un arbolito.
A los 20 minutos llega Fabio, el novio de Giulia, quién me recuerda que hoy hay "mudanza". Dormiré en su casa, porque está programada una cena con sus amigos, a la que yo también estoy invitado. Recojo todas mis cosas de la casa de Giulia y nos encontramos los 3 en el auto de Fabio para ir a hacer las compras. Mi idea es comprar algo, aunque sea el postre, pero, a pesar de mi insistencia, en el super no aceptan que compre nada. Aprovechamos para ir a la estación de trenes San Pietro donde compraré mi pasaje para mi próxima ciudad: Florencia. Sin embargo hay algo mal en las máquinas automáticas y la boletería ya está cerrada, por lo que no puedo comprar mi billete. Giulia me dice que mañana bien temprano no habrá problemas para comprarlo y que ella me acompañará. Todo es muy fácil con su ayuda.
En la cena está "Iraní", Giulia y Fabio, y dos amigos más. Es todo espectacular. Los tanos son muy exquisitos a la hora de comer: queso con miel, papaya con jamón, y pasta, todo acompañado con una buena cerveza. Además son increíblemente cálidos, con sus bromas, su amistad y sus gestos al conversar, por lo que me siento como en Argentina en varios momentos de la noche.
Pasada la cena, quieren hacer algo, pero Roma no tiene muchas alternativas en agosto. Es verano, y mucha gente está de vacaciones, por lo que simplemente decidimos dar unas vueltas, una vez más, por Piazza San Pietro, esta vez de noche, mientras hablamos estupideces y hacemos bromas. Yo estoy cansado, y ya pienso en Florencia. Roma es cosa del pasado.
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| La cámara no puede capturar la velocidad de mi mano mientras como |
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| Jamón italiano, fruta y cerveza alemana |
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| Giulia, Fabio y yo |
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| 3ra vez acá, pero esta vez de noche |
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| No sabemos que hacer para que salgamos decentes en la foto |
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| Roma, desolada de noche |
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| Muchachos, vamos??? |
Finalmente volvemos a casa de Fabio, donde me despido de los simpáticos amigos de la pareja y me retiro a la habitación que me han ofrecido para esta noche.
Apoyo mi cabeza en la almohada mientras pienso que Roma ha estado espectacular y da para quedarse muchos días más, pero mi desorganizado plan me indica que esto ha sido todo en esta ciudad. Y me duermo...
"Supervivencia, changos, supervivencia" jaja. Te faltó poner una fotito con tus mochileros y aprendices de turistas. Muy lindos relatos Fede. Abrazo!! - Leonel
ResponderEliminarGracias Leo!!! No tengo fotos juntos!. Creo que ellos hicieron una con su cámara, pero no les pedí sus e-mails o facebooks. Una verdadera pena :S
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