Me despierto como nuevo. Me ha sacado de la cama un poco el calor, otro un poco el olor de mi compañero de cuarto y mucho las ganas de visitar a mis amigas, quiénes me esperan con una parrillada italiana esta tarde en Reggio Emilia.
El desayuno está incluido en el hostel y, aunque no es un típico desayuno americano, sirve para no salir a la calle con el estómago vacío. Me los encuentro a todos de nuevo: Jacob, el rumano, el tano punk, más unas cuantas mujeres que no sé dónde estuvieron escondidas anoche. Hay un par que parten la tierra!
Jacob, quién está acostumbrado a sus desayunos norteamericanos, se queja de lo poco nutritivo de esta comidita. Yo, viejo ratón argentino, me lleno un plato sopero de cereales con leche, tostadas con mermeladas, café con leche, manzanas y jugo (no natural) de frutas. Todo zafa, e incluso "se me caen" un par de tostadas y manzanas dentro de la mochila, quien casualmente estaba a mis pies, con el cierre abierto, como esperando que alguien ponga algo adentro suyo.
La charla con la gente se centra en la salida que hicieron los 3 anoche hacia el centro de Bologna. No me he perdido nada. Dario, el tano, está haciendo vacaciones por su país, porque quiere conocerlo punta a punta. Sergie, el rumano, estudia en Canadá y aprovecha sus vacaciones para conocer Europa en lugar de visitar a su familia en Rumania. Cuando estoy terminando mi desayuno, se aparece Sergio, el ecuatoriano, como si estuviera en su casa (de hecho, lo está): ojotas, short de fútbol, musculosa y los largos mochos hechos un desorden monumental. La cara hinchada de dormir es la cereza del postre.
Jacob me dice que en una hora hace el check-out y que si quiero podemos ir juntos. Quedamos en vernos en la recepción a las 9.30. Converso con Sergio dos palabras y retorno a mi habitación para preparar la mochila.
Al volver a la recepción, devuelvo mis sábanas, y espero por Jacob. Falta un rato largo, así que me entretengo un rato nuevamente con Sergio, quién se va a dar una ducha y me dice que volverá pronto para poder despedirnos.
Me pasan a la par las dos chicas que estaban en el comedor, ambas con sus mochilas de campamento. Una tiene un vestido super corto y está verdaderamente buena. Me acerco para iniciar un charla. Lo sabe, pero mientras acomoda algo dentro de su equipaje no hace ni el intento de mirarme. Le digo "hola", y responde secamente con la misma palabra y mucha antipatía. Sigo la conversación, pero ella está para nada interesada. Es de Australia, y ahora se va a no sé donde. Tanta mala onda me repele, por lo que me pongo a conversar con Darío, el tano punk, quién justo se me acerca y me olvido de la belleza que tan forzadamente ha charlado conmigo.
Finalmente llega Jacob, y dejamos el hostel, no sin antes saludar a Sergiu y Dario. Lamentablemente el ecuatoriano no está y tememos perder el bus, por lo que me voy sin saludarlo. A la pasada le digo "adiós" a la australiana, quién ni se molesta en contestar, lo que me despierta una sonrisa sarcástica.
Durante el camino al refugio, Jacob me cuenta de su ciudad, Oregon, y me dice que tengo que ir, como sea. La buena onda del yankee no coincide con ninguno de mis estereotipos norteamericanos que tengo en mi cabeza. Siempre pienso que todos comen hamburguesas, están armados al menos con una 9mm en casa y aman a Bush. Sin dudas, a veces me genera mucha alegría estar equivocado.
En la parada, Jacob se cruza directamente de vereda, porque el sol está impiadoso, donde hay una sombrita que proyecta un árbol. Yo aprovecho para envolver mi mochila con mi toalla y lograr que el sol la seque. El bus llega, después de unos 15 minutos, y subimos varios: el alemán, dos hindúes, Jacob y yo. No tengo monedas para pagar el bus, y tampoco ticket. Nadie me puede cambiar y eso no es trabajo del chofer tampoco. Después de Roma, me da mucho cagazo subirme sin pagar, pero Jacob me dice que no hay problema, si viene un inspector le explicaremos y no pasará nada. Juro que esta vez no es intencional! De verdad no tengo monedas!!!
El viaje al centro de la ciudad transcurre en silencio. Hablo 2 minutos con los hindúes, quiénes viajan con un pase de Interrail, igual que el que yo me compré para viajar en tren por Europa y comenzará a regir desde el 26, pero todavía no sé cómo se usa. Se limitan a contestar que es "muy fácil". Por suerte tengo todavía 8 días para averiguar un poco más.
Llegamos a la estación de trenes con Jacob. Los otros viajeros han desviado su camino en el cambio de bus. Jacob tiene hambre, "el desayuno italiano no ha sido suficiente" me dice, y se compra unos paninis al frente de la estación y una coca. A mi todavía me dura la atragantada que me pegué en el desayuno; sin embargo, Jacob me convida de su Coca-Cola, que está helada, ideal para este día. Guarda un poco de su sandwich "para el camino", y después de decir adiós, se dirige a la estación.
Yo me pregunto qué voy a hacer hasta las 13.30, que sale mi tren a Reggio Emilia. Ahora recuerdo las indicaciones que me dio el recepcionista ayer, y el mapa. Empiezo a caminar, por la zona. Espero no alejarme mucho de la estación. También necesito algo para limpiar la lente de mi cámara, así que aprovecharé para buscar un negocio de cámaras fotográficas.
En el azaroso recorrido me doy con monumentos en el medio de la calle, iglesias pintorescas, y lo que más me llama la atención son las galerías en todas las veredas en el casco viejo de la ciudad. Un espectáculo. La sombra que te regalan hace que sea más fácil caminar por la ciudad, protegiéndote del calcinador sol seco italiano. Paso por Piazza Maggiore, la plaza principal de la ciudad, donde están la Basílica de San Petronio, el Palacio del Podestá (sede del Ayuntamiento), el Palacio de los Bancos entre otros. Aprovecho para colarme en un grupo de turistas con guía español, quién explica que en estos momentos la fachada de la Basílica está siendo bajo refacción y por eso tiene una enorme tela que la cubre. Ni siquiera le hago una foto. Ahora paso por la fuente de Neptuno y aprovecho para cargar mi botella de agua. El diseño es cuanto menos bizarro, con unas señoras al pie que arrojan agua desde sus senos.
| Monumentos por doquier |
| El Palazzo del Podestá en Piazza Maggiore |
| La Fuente de Neptuno, y la señora que arroja agua... bueno, saquen sus conclusiones |
De repente, me doy cuenta de que tengo un gran problema: ganas de hacer pis. Por ahora es "aguantable", pero debo encontrar pronto un lugar donde descargar la vejiga. Sin embargo, me entretengo fácilmente con la belleza de la ciudad. Paso de largo por Las dos Torres, que probablemente se usó como torre de vigía en el siglo XII. Ambas tienen una inclinación importante. No parece que tengan baño, así que camino 300 metros más adelante. Hay una pequeña capilla, que espero que tenga al menos un pozo para que los fieles orinen, pero tampoco. Vuelvo a las torres, decidido a subir. Compro la entrada y pregunto al boletero si tienen baño. Obvio que no. Mientras subo los 97 metros de la torre por las escaleras de madera, con mi mochila a cuestas, voy pensando cómo podría hacer para mear. Hay mucha gente que sube y baja, pero si me dan un minuto, descargo en cualquier lado. Entre los que bajan me los vuelvo a cruzar al rumano y a Darío. Intercambiamos direcciones de correo, y les pido que le den la mía al ecuatoriano. Me ha caído tan bien, que espero que quedemos en contacto y estoy arrepentido de no haberlo buscado para saludarlo.
A esta altura, ya no creo que vaya a poder orinar, y espero que al menos lo transpire. El calor es insoportable, adentro no hay mucha corriente de aire y estos 12 kilos en mi espalda se hacen sentir.
Arriba, la vista de la ciudad es espectacular. El caserío es tal que pareciera que no hay calles entre las viviendas. Los colores de los edificios son típicamente italianos. A lo lejos, se ve la estación de tren. No me di cuenta de que he caminado tanto. Tal vez vaya a los baños de ahí directamente.
| Una iglesia en la que entré, solo para ver si tenía un baño para un fiel como yo |
| Aunque me cueste, intento concentrarme en esta estupenda galería con estructura de madera |
| Las Dos Torres de Bologna, que NO tienen baño |
| Así es la estructura por dentro de la torre. Y si, todo eso tengo que subir con la mochila! |
| Bologna, desde lo alto. Preciosa! |
| Acá te preguntas: "dónde están las calles?!" |
| Agarrate fuerte, que el descenso es peligroso |
| Me dan ganas de hacer puntería por este agujerito! |
La ciudad está desierta. A esta altura, esa condición ha sido una constante acá en Italia. Creo que las vacaciones y el calor se han encargado de esconder a la gente. Camino en dirección a la estación, y encuentro el lugar ideal para por fin "hechar un cloro". Un garage escondido, con una rejilla de desagote en el suelo. Está perfecto! Me pongo en posición de ataque, pero antes quiero asegurarme de que no hay nadie. Miro, no intencionalmente hacia arriba y veo una cámara de video! "Mierda!" Esa es la manera de controlar la seguridad en sus galerías. Tienen cámaras cada 25 metros. Este aborto de la operación hace que las ganas me estén matando aún peor que antes.
Llego a la estación casi al trote. Sería la peor de las vergüenzas andar con los pantalones mojados! Pero acá la entrada al baño cuesta 1€!!! 1€! Ladrones!!! Creo que me hiere más el orgullo pagar 1€ para orinar que mearme encima! No lo haré acá. Tiene que haber un lugar en los alrededores, así que salgo nuevamente de la estación. Doy una gran vuelta, y veo un jardín de un consorcio de edificios, que no está muy oculto al público, pero mediante una estupenda técnica puedo regar este bello jardín... y ahorrarme 1€.
Es hora de partir. Le aviso a Giù con un SMS que en 40 minutos estaré en Reggio Emilia. Me siento muy contento de poder visitar a mis amigas en su ciudad natal.
| Yeahhh! En la ciudad natal de Giù! |
Giulia me contesta 2 minutos antes que llegue a su ciudad, diciéndome que la espere en la estación. Cuando bajo no hay nadie, y me pongo a jugar con los destinos en las máquinas expendedoras de billetes. Ahora si que no sé a dónde iré después de esta ciudad. Hasta que escucho que una voz femenina muy familiar dice "Fede!!!". Es Giù, super "topísima" al mejor estilo italiano: camisa blanca impecable, falda de jean, anteojos de sol y un color de piel espectacular. Nos saludamos con un gran abrazo e inmediatamente me pide que nos vayamos, porque su auto está mal estacionado.
Durante el camino a su casa, nos vamos poniendo al día de lo que nos ha pasado desde la última vez que nos vimos, allá, por mediados de julio. Su alemán es todavía buenísimo, mucho mejor que el mío. Para las lagunas de la conversación, le pido que hable en italiano. Hago alarde de algunas frases que me aprendí en estos días, y también de los insultos. Ella tiene muchos más para enseñarme. Nos encontramos con una amiga, con la que ella ya tenía el compromiso de encontrarse. Esta chica también habla el "tedesco" (alemán, en italiano), porque lo aprendió durante un semestre en el exterior que hizo en Alemania. Nos vamos a una heladería, donde Giulia me invita un helado espectacular. Ellas hablan el 90% en un italiano rapidísimo, pero de tanto en tanto me explican lo que hablan para no dejarme afuera de la converasción
Al llegar a su casa, la ayudo a poner todo en orden para recibir a los invitados. Vendrán unos 20 amigos esta noche. Giù me pide que lleve una mesa de ping-pong desde el garage hasta su jardín, donde también saco las sillas, y ayudo a poner la mesa.
Llega gente muy copada, entre ellas Vero, a quién también conozco de Biberach. Las amigas son todas lindas y super simpáticas. La noche pasa entre cervezas, comida y café italiano, muy amena.
Yo permanezco hasta el final de la velada y la ayudo a Giù a poner en orden la casa. Una vez que está todo listo, me voy a una habitación que ella ha preparado para mi, donde hay una computadora que uso hasta pasadas las 3 respondiendo mensajes a amigos y familia, contándoles que todo marcha perfecto y buscando un vuelo económico para mi próximo destino, que debería ser Valencia, donde la familia de Guillo (un amigo de la familia de mi tía) supuestamente me están esperando, aunque primero tengo llamar para darles tiempo a preparar todo. Hay un vuelo por poco más de 100€, pero para pasado mañana. "Qué hago en el medio?" me pregunto. Mañana debo manguearle a Giù sin falta quedarme una noche más!