Me despierto temprano para poder ordenar las cosas en mi mochila y desayunar con tranquilidad. Giulia y Fabio se despiertan media hora después, aunque el tiempo es suficiente para que él me prepara unos "paninis" que serán mi almuerzo durante el viaje. Ya no tengo palabras agradecerles!.
"Sei pronto, Fede?" pregunta Giulia, a lo que contesto que sí, mientras me cargo la mochila al hombro. Me despido de Fabio con un cálido abrazo, pero antes de irme les digo que están invitados a ir a Argentina, cuando quieran/puedan serán bienvenidos.
Giulia me acompaña a pie hasta la estación San Pietro, donde ahora está abierta la boletería y un viejo tano está a cargo. Giù habla con él por mí, le pregunta a qué hora sale el próximo tren a Firenze. "10:20" contesta él, mientras yo le hago señas a ella de que está perfecto. Al pagar mi ticket, el simpático viejo me pregunta de donde soy; le contesto "Argentina" y alguna broma por detrás que le arranca una risa al tipo.
Son las 9 a.m., ya tengo mi ticket, pero estoy en la estación incorrecta. Debo ir a la gran estación central Termini. No obstante, el bus que me va allá ya está en la puerta de esta estación y sale en 2 minutos. Me despido de Giù, agradeciéndole, con todas las palabras que se me ocurren en el momento, tanta amabilidad, y le reitero mi invitación para visitar Argentina. En cierto punto, me quiero quedar con esta gente tan copada, pero al darle el gran abrazo y beso de despedida me cae la ficha de que así será el resto del viaje: conocer gente espectacular por uno o dos días, para luego decirles adiós.
Al subir, marco mi última tarjeta para colectivos y me alegro de que así sea. Mientras voy recorriendo la ciudad, siento un dejo de melancolía. Es realmente bellísima y no sé cuándo volveré a visitarla, pero en ese instante pienso en toda la gente que conozco y que aún no ha estado aquí, entonces me considero un privilegiado y sonrío.
Llego a Termini con tiempo de sobra para tomar mi tren, y lo primero que quiero hacer es asegurarme el número de anden en que debo esperarlo. Levanto la vista para leer el cartel y me doy con la ingrata sorpresa de que mi tren se ha cancelado. Hay otro tren, que sale a Firenze unos minutos después, pero es de alta velocidad y no le corresponde al ticket que compré. "Tengo tiempo, pero mejor voy rápido a atención al cliente para preguntar qué puedo hacer" pienso, pero al llegar a las oficinas, que están en la misma terminal, me topo con la puerta cerrada. En el horario de atención al cliente no figuran los domingos. "Ups, y ahora qué hago?". Empiezo a deambular, veo los horarios de los trenes en los transparentes, pero no los entiendo. Ahora busco gente con uniformes de la empresa. Algunos no tienen idea, otros ni siquiera me responden y el resto me dice que me tome el de alta velocidad, pero yo sé que si sube un inspector y me ve con el ticket normal me vuelven a multar. "No quiero más problemas". Decido intentar una vez más con otro hombre que lleva uniforme, y me dice que el tren regional del andén 1 sale a Firenze en 5 minutos. En el cartel electrónico marca que tiene otro destino, pero parece que pasa por Florencia. "Rápido!" me dice el hombre. Ya desesperado comienzo a correr, pero antes tengo que marcar (validar) mi ticket en las máquinas electrónicas instaladas sobre el andén. Encuentro una, pero está fuera de servicio. Corro hacia la siguiente, que está 25 metros más adelante, pero, a pesar de mi insistencia, no logro que selle el bendito boleto. "Qué mierda tiene este boleto?!". El tren se me va, y para los inspectores un ticket sin marcar es lo mismo que no tenerlo. Ahora me paro mirando en dirección contraria a la gente que quiere subir a este tren, y les pregunto, casi resignado, a 2 mochileros que corren para llegar a tiempo, si me pueden ayudar. Me dicen "el hombre de allá, en azul, te puede ayudar", sin intensiones de comprometerse. Me acerco al tipo, que está ayudando a todo el mundo (seguramente los que tuvieron el mismo problema que yo), para preguntarle primero si efectivamente este tren va a Firenze, a lo que me dice que si. Le digo que no puedo marcar mi boleto y que necesito su ayuda, entonces tira el cigarrillo que tiene en su mano y me pide que lo siga. Toma mi ticket, intenta una, dos, tres veces y nada. Al 4to intento lo hace con cierta violencia y finalmente la estúpida máquina hace un chirrido de impresión. "Vamos todavía!", el sello es medio ilegible, pero está. Le digo "tante grazie!" mientras me subo al tren, a lo que me contesta "ciao! Buona fortuna!". Que suerte la mía! Quién habrá sido este tipo? Qué hacía ahí? No tomó el tren, era un empleado de la compañía de trenes y tampoco me mangueó dinero. Un ídolo el tano!
El tren no es de lo mejor, pero si me lleva a donde quiero ir no me voy a quejar. El vagón es uno de esos donde hay varios compartimientos, con dos asientos enfrentados, para 3 personas cada uno. A pesar de la cantidad de gente, encuentro lugar en uno donde viajan un tano pinta de fiolo, con tatuajes y cadenas doradas, una chica muy "fashion", y dos adolescentes de unos 17-18 años: un gordo feo y un enano rubio cabezón con un rosario al cuello. Ocupo un lugar y me pongo la mochila entre las piernas. No me siento del todo cómodo con esta gente. Los dos adolescentes son un poco revoltosos, y de tanto en tanto hablan con el fiolo y, un poco menos, con la chica.
A pesar del espectacular paisaje, el movimiento del tren me está sedando, hasta que me quedo dormido por unos minutos. Me despierta el petiso cabezón, que va y vuelve cada 15 minutos para fumar o ir al baño. La chica llega a su parada, dejándonos solo a los hombres, con lo que yo ahora me siento más incómodo. Seguimos viaje, aunque en este momento me estoy esforzando para no dormirme, hasta que los "tanitos" me dicen algo. Comenzamos a charlar dificultosamente, dada la barrera idiomática, y muy frecuentemente tengo que decirles que hablen más despacio porque no les entiendo. Además, en medio de la "conversación", dicen cosas que no entiendo y se ríen a carcajadas, como a costa mía. Percibo cierta mala intención en su conversación.
Ahora parece que, por fortuna, se aburrieron de mi, por lo que aprovecho para ponerme los auriculares nuevamente y no darles más bola, pero el gordo vuelve a la carga con un "sos alpinista?", a lo que contesto que no, sacándome los auriculares con evidente e intencional muestra de fastidio. Ahora el otro me dice "tenés droga ahí?", señalando hacia mi mochila. Nuevamente digo que no (sin necesidad de mentir, vale aclarar), pero mi respuesta no les agrada y el "cerdo" me amenaza, "estoy llamando a la carabinieri para denunciarte", mientras me muestra su handy que, en efecto, está llamando a la policía. Lo miro con un gesto de "qué te pasa a vos?!", pero sin emitir una palabra. Escudriño al tano fiolo, como pidiéndole una manito para que los calme a los dos nabos estos, pero solo sonríe al estilo de "es tu problema". Continúa el cabezón con un "tenés dinero?", y sigue "si no querés que te denuncie dame 10€ y 10€ a mi amigo".
No entiendo lo que está pasando, pero hasta acá mi actitud ha sido pasiva. Es el colmo que los dos pendejos éstos me quieran chantajear!. Pienso por un segundo en tomar mis cosas y buscarme otro lugar, pero creo es una idea cobarde. Podría buscar un guarda del tren pero, qué le voy a decir?, "los chicos me están molestando"?. Tampoco me parece muy copado sentarme de brazos cruzados, a ver si llaman a la caribinieri para que me saquen del forro del culo del tren y encima les tenga que explicar que no llevo nada conmigo. Decido arriesgarme, por lo que les digo: "querés los 10€? vení a sacarlos de acá!" a cara de perro, haciéndoles el gesto con la mano para que se acerquen, mientras despego la cola del asiento para quedar en una posición más alerta. No lo dudo: "si se acerca le encajo una mano en la jeta!". "Dame 10€!" insiste el petiso, ahora sin tanta risotada, aunque sin acercarse, pero el gordo fiero ya ha notado que el "jueguito" no es divertido para mí y que estoy dispuesto a enfrentarlos mano a mano si continúan, por lo que le grita "Basta! Basta!" al otro. Hablan entre ellos, y parece que acá la van a cortar. No obstante, yo no les despego la mirada hasta que finalmente empiezan a ignorarme, por lo que asumo que el tema está terminado. Ya no me puedo ni quiero dormir.
Al parecer, en algún momento de nuestra "charla" les he contado a los dos mocosos que mi destino es Firenze, por lo que cuando llegamos a una estación en Firenze me dicen "Firenze, acá tienes que bajarte". Todo es raro, "pasan de querer chantajearme a ser amables?" Sin embargo, salgo de este compartimiento para preguntarle a una persona que está en el pasillo del vagón, quién me afirma que así es. Vuelvo a donde están los 2 delincuentes estos, pero está el rubio cabezón solo, tomo mi mochila y le digo "la próxima vez tengan cuidado cuando quieran ser graciosos, no todos van a tener la misma paciencia que yo". Me mira fijo, con cara de asustado o de que no ha entendido nada de lo que le dije. Me parece que es la 2da opción.
Por fin dejo el bendito tren y leo en un cartel que estoy en Firenze Rifredi. Supongo que ese es el nombre de la estación central de Firenze. Hago un poco de tiempo en el andén, mientras como los sandwiches que me ha preparado Fabio (exquisitos, por cierto) y mientras veo como el tren donde venía se aleja digo en voz baja "si, llevate las dos basuras esas". Acá también se han bajado los dos mochileros que me ignoraron en Termini. "Que se los lleve el viento" pienso.
Ahora camino hacia la salida de la estación y experimento por primera vez la adrenalina de pisar una ciudad desconocida, de no saber en qué dirección caminar ni en quién confiar. Estoy dos minutos mirando hacia todas las direcciones y no me decido cuál encarar. Entonces aparece muchacho en chomba verde, al que le digo que quiero ir al centro de Firenze. Me contesta que esto es Stazione di Rifredi y que la ciudad está unos 5 Km más adelante. "Me he bajado en la estación equivocada!" El tipo del tren estaba equivocado y yo muy ansioso por llegar a destino. Le muestro mi ticket a este hombre, para preguntarle si con él puedo tomar otro tren al centro de la ciudad. Me dice que no sabe y que mejor pregunte en atención al cliente, pero está cerrado. Decido volver al andén y a esperar cualquier tren que me deje en Firenze Santa Maria Novella (o SMN), donde realmente tendría que haber bajado. En eso veo 3 chicas que acarrean con cierta dificultad una valija de tamaño aceptable cada una, pero evidentemente pesadas. Hablan entre ellas, y en 2 segundos sé que la tonada es de Rosario o Buenos Aires, por lo que hago la misma pregunta estúpida que en Roma: "argentinas, de dónde?". Las 3 giran al mismo tiempo para ver quién es (el galán) que les habla y una de ellas responde "Buenos Aires, y vos?".
Se llaman Cristina, Yésica y Dina. Me cuentan que también le han errado de estación, y por eso esperan el siguiente tren que las deje en la parte central de la ciudad. Nuestro nuevo tren llega, y ayudo a Cris a subir su valija. A las otras les cuesta subir las suyas, pero, por más que quiera, yo no puedo ayudarlas a todas. Ahora aprovechamos para charlar y conocernos. Ellas están de viajando sólo en Italia. Vienen recorriéndolo desde el sur y se quedarán 3 días acá. Cristina y Dina se conocen de la facultad, donde estudiaron psicología, y a Yesi la conoció Dina por laburo. Me bastan los 10 minutos de viaje para notar que este trío es, como mínimo, explosivo.
Bajamos del tren finalmente en Firenze SMN, entonces aprovecho que estas chicas son realmente amistosas y agradables para unirme a ellas. Les pregunto si ya tienen algún lugar reservado para dormir, a lo que me contestan que sí. "Vos?", "no", "bueno, vení con nosotras, preguntá, y si te conviene te quedás o sino preguntás por otro lugar". Gran idea. Ellas quieren averiguar algo en la estación, por lo que aprovecho la ocasión para buscar la oficina de información turística, que está a 100 mts de aquí, cruzando una de las calles. Rápidamente llego hasta ahí y resulta que está cerrada desde las 14.00. Mi reloj marca 14.20...
Vuelvo a la estación, donde las chicas ya están listas para ir a buscar su hotel. Advierto que están mucho más preparadas que yo: tienen su reserva, han traido un mapa de la ciudad y han marcado los puntos importantes para visitar, así que me dejo guiar por ellas.
Se paran en un puesto callejero, donde venden unos Mickey Mouse de cartón que bailan al ritmo de la radio (indistintamente si hay música, habla el locutor o pasan una publicidad). Le regatean al vendedor, quien accede, pero al final no compran. Seguimos nuestro (su) camino, deteniéndonos en varias vidrieras. Incluso me hacen recomendaciones "mirá Fede, ese cinto es ideal para vos y sólo 15€!". "Uy, Dios!" pienso, mientras me cuentan algunas de sus historias de shopping, y al mismo tiempo me ponen al tanto de los precios de la ropa en Argentina. "Debés pensar que somos un desastre" me dice Dina, pero yo ya he advertido que están lejos de ser unas "huecas". Sólo son adictas a las compras...
Ya hemos caminado 3 veces por la misma calle, pero ellas no pueden encontrar todavía su hotel, por lo que les pregunto si puedo ver el mapa, a lo que, por supuesto, acceden. Me ubico rápidamente, y ahora soy yo quién guía. Encontramos su hotel. Ellas preguntan por su reserva y les dicen al hombre de la recepción que yo también estoy buscando donde dormir. El precio del hotel sale de mi presupuesto, por lo que le pregunto por albergues de estudiantes. El hombre solo sabe de 2 lugares que, muy amablemente, me los marca en un mapa de la ciudad y me lo entrega. Me despido de las chicas, pero antes quedamos en que pasaré por acá a buscarlas a la noche para hacer algo juntos. Aceptan con entusiasmo.
Recién ahora, mientras me dirijo en dirección del hostel más cercano y céntrico, empiezo a notar la belleza de la ciudad y la cantidad de turístas que deambulan por aquí. Paso por el Duomo, pero no me detengo. Lo primero que quiero hacer es encontrar donde dormir.
Llego al primer hostel, donde en la puerta, que se parece más a un garage que a una casa, está pintada la frase "albergue estudiantil". El patio tiene sillas y mesas de hierro fundido, con mosaicos rojos. Toco el timbre, para que salga alguien a atenderme. Se acerca una señora de 70 años cómo mínimo, quién entiende, al menos, mi inglés y se da a entender sin problemas. Me dice que tiene habitación para 2 noches, por 21€ cada una (20€ la habitación + 1€ impuestos de la ciudad). Pregunto si puedo ver la habitación y me dice que no. Ahora intento regatearle el euro, pero no da el brazo a torcer, entonces me embolo y le retruco diciéndole que me voy a ver el otro hostel para poder decidir. Sin ninguna preocupación, me contesta "bueno". Me parece que no soy un cliente especial para ella.
Camino al otro hostel, que está unos 500 mts más alejado del centro de la ciudad. Al mismo se lo ve más juvenil, con organización de salidas nocturnas y otras actividades para los huéspedes durante el día también. Cuesta un euro más caro, pero no hay lugar. Todo mal! Ahora tengo que volver con la cola entre las patas dónde la vieja. Mientras regreso, noto que la temperatura no es tan alta acá como en Roma, pero el sol te da con la misma inclemencia, por lo que ya empiezo a acusar cansancio. El día ha sido complicado con sus imprevistos, la mochila, más el trajín.
"Ya está, me tengo que quedar en este hostel" pienso, mientras le toco el timbre de nuevo a la antigua dama. Ahora le confirmo que me quiero quedar y me contesta "Ja-ja!". Soprendido, le pregunto por qué se rie. "Ya no hay más lugar" me contesta. "Cómo?! Pero hace media hora había". Me indica que espere, para luego dar un alarido hacia el cielo. En este momento levanto mi vista y me doy cuenta de que el patio del hostel me recuerda al Chavo del Ocho, donde las habitaciones son el equivalente a "la vecindad". Ahora baja un hombre, más joven, desde un piso superior, para hablar en italiano con la señora. No se entiende un carajo, pero al final la vieja me dice "Vení. Hay lugar para vos". Hago el check-in sin dudarlo, porque sino no sé dónde dormiré. Ahora me muestra la habitación, donde hay tres camas. La primera ya está ocupada, evidentemente por una mujer, ya que la mesa de luz tiene cosméticos y al pie de la cama hay unos zapatos. Las otras dos camas están desocupadas, así que elijo la que está un poco más oculta, mirando desde la puerta de la habitación . La doña me muestra el baño, y concluyo que no está nada mal el hostel, considerando que pagué sin ver la habitación.
Estoy contento de haber conseguido un lugar dónde dormir, y ahora es tiempo de salir a conocer Firenze! Llevo mi cámara conmigo, la que poco a poco se está haciendo parte de mi cuerpo, y es casi un reflejo agarrarla antes de salir a cualquier lado.
El primer lugar al que me dirijo es al "Duomo (catedral) Santa María del Fiore", que está situado en el casco viejo de la ciudad y fue construido en el siglo XIV. La cúpula de 45 m de diámetro y los 100 m de altura, dan la sensación de que esta edificación es excesivamente grande para la ciudad. El horario de visita está terminando, pero llego al último lugar de la cola y puedo pasar. El edificio, es de dimensiones gigantescas, con forma de cruz, con dos naves laterales y una principal. Su suelo es de mármol de colores, con formas y texturas particulares. Quiero hacer mis fotos pero no tengo mucho tiempo; el personal de seguridad me están pidiendo que desaloje del lugar, así que los evado una y otra vez para lograr mi cometido. Finalmente salgo, y veo que el campanario es una construcción separada de la iglesia por un par de metros. Ahora me quedo encantado, viendo la terminación de la fachada neogótica de la catedral, toda de mármol. Increible! Me cuelo dos segundos a un guía que explica el trabajo de restauración del edificio, por supuesto interminable, y escucho que la cruz de bronce que está en lo más alto fue restaurada el año pasado. Cuando la observo, noto que está como nueva y que este guía, por lo menos en eso, no está mintiendo.
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| El Duomo |
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| El suelo del Duomo, con sus particulares formas y colores en el mármol |
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| Uno de los vitrales |
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| Se aprecia el tamaño? |
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| Más suelo |
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| La terminación de la fachada. |
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| Laburo de artistas |
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| La puerta de bronce |
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| La puerta de salida y el detalle en la madera |
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| Otro ángulo de la gigantesca catedral |
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| El campanario, externo a la catedral |
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| La cruz de bronce, en lo más alto, como si fuera nueva |
Al frente del Duomo está ubicado el "batipsterio", lugar donde se bautizán los bebés. Es un mundo de gente agolpándose por una foto y decido que vendré en otro momento.
Ahora camino sin rumbo por las calles de Florencia. Lo único que se ve son turistas, y a pesar de que somos una plaga, se siente la tranquilidad propia de una ciudad más pequeña que Roma. Llego sin querer a la Piazza della Signoria, la más grande de la ciudad, donde se encuentra la Fuente de Neptuno y el Palazzo Vecchio, más tres estatuas: Cosimo "el Viejo" a caballo, el Hércules y Caco y el "falso" David de Miguel Ángel. En esta esquina también hay un payaso "punk". No es una estatua, sino una persona que está llevando a cabo su espectáculo para ganarse la vida. A pesar de mi desagrado para con los mismos (los payasos... y los punk también), me quedo viéndolo, riéndome de sus payasadas, pero no pienso formar parte de su show, así que espero hasta que termine y pida plata, porque en ese momento siempre el 95% de la gente huye despavorida (yo, más que cualquiera).
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| El "viejo a caballo" |
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| La fuente de Neptuno y el Palazzo Vecchio |
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| Fuente de Neptuno |
Me siento reventado y la música en vivo me ayuda a relajarme. Siento la brisa que atraviesa el puente mientras el sol se va despidiendo de este día.Yo solo pienso que todo ha salido bien, por suerte, y no me moveré de acá hasta que sea hora de comer.
Este anochecer es de película, por lo que se merece una gran cantidad de tomas.
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| Un atardecer como cualquiera |
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| El mismo atardecer desde otro ángulo |
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| Todos quieren su foto de estos bellísimos colores |
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| Ya se encendieron las luces, y yo sigo fotografiando |
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| ... pero ya es momento de ir a buscar comida! |
Antes doy más vueltas por la ciudad y me topo con una iglesia donde hay concierto de órgano gratuito. Mi sed de música en vivo no está completamente satisfecha, por lo que decido quedarme, aunque sea unos minutos, a escuchar un poco de música clásica. No está para nada mal, pero me resulta extraño. Es como una misa, pero sin cura. Todos miramos hacia el altar y escuchamos en silencio. Pasada media hora, decido que es hora de ir a buscar a las chicas.
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| El no está rezando. O sí, pero mientras escucha música de órgano en vivo |
Cuando llego al hotel, pido en la recepción comunicarme con su habitación, pero resulta que han salido, entonces le pregunto al extrañísimo hombre (?) si puedo dejarles una nota. De mala gana, me acerca un anotador, donde les escribo que estaré cerca de las 2230 en Piazza República, y/o pasaré nuevamente mañana entre 0830 y 0900.
Me pica el bagre de manera insólita, así que ahora busco alimento. Pasando el Ponte Vecchio, donde ya he dado unas vueltas, he visto una rotisería que parecía bastante bien para comer. Cuando llego, son las 2150 y están cerrando, lo que me extraña para tratarse de una ciudad turística. Me pido un calzón, que lo prepara el "esclavo" de turno delante mío, horneándolo en un horno a leña. Tiene buena pinta, pero me lo tendré que comer en otro lado, porque así me lo pide el cajero. Aprovecharé para comer en Piazza República, mientras espero a que las chicas se aparezcan.
En Piazza República encuentro un lugarcito para mi en un banco y comienzo a devorarme literalmente mi calzón. Me doy cuenta de que soy muy desagradable comiendo, pero no me importa. "Otra ventaja de andar solo!" El calzón tiene un toque de aceite de oliva, que en mi descuido cae sobre mi pantalón, dejándole una gran mancha. Además mis manos están engrasadas con queso y jamón. Un desastre. Para peor, no tengo servilletas, así que me limpio las manos frotándolas sobre la caja de cartón de mi ex-comida. En ese momento, 3 señoras inglesas muy coquetas, me preguntan si puedo hacerles una foto. Les digo que por supuesto. "Por supuesto... que les dejo la cámara llenas de queso" pienso para mis adentros. Saco una, dos, tres fotos, solo para estar seguro. Devuelvo la cámara y les pido que vean las fotos. Las reinas están felices con mis tomas, pero yo decido que es momento de marchar a la camucha, antes de que se den cuenta de la mugre que les dejé en el aparatito. Son las 00.00 y creo que las argentinas ya no vendrán. Tal vez no vieron el mensaje...
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| El Duomo, de noche. Bastante floja la foto |
Llego al hostel, donde está la misma vieja que a la tarde, pero de camisón y viendo tele. Le digo "buonasera!" (si, mi italiano está avanzadísimo a esta altura), a lo que responde con una amable sonrisa. Paso a mi habitación, donde veo que la 3ra cama aún está desocupada. Tomo mi toalla para darme una ducha antes de meterme en cama, en lo que alguien abre la puerta de la habitación, y asumo que es la chica que ocupa la cama cercana a la puerta. Pero, momento!!! No es una "chica"!!! Es la vieja recepcionista!!!!!! Duermo con la vieja!!!!! "Ahhh!!!!, ahora entiendo todo ese parloteo que tuvieron con el otro hombre, y cómo solucionaron la falta de habitación para mi". Me río sólo, por como me engañan mis percepciones.
Apago la luz, repaso mi día y pienso "qué genial poder terminar este día riendo!", pero no resisto más y caigo rendido por el cansancio en cama.
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