sábado, 5 de enero de 2013

De pretemporada, por si algún club se interesa en mí - Madrid, día 14

Si señor! Es día de trote en Madrid y los muchachos de las obras viales no se han apiadado de mí. Se ve el sol de las 9 am pidiendo permiso para entrar en mi cómoda e improvisada habitación. Estas piernitas quieren un pequeño entrenamiento que les den la forma física necesaria para sobrevivir a las largas caminatas que aún están por venir.

El desayuno será café con leche, sandía, jugo de naranjas, queso y jamón ibérico exquisito. Todo gracias a mis primos que, pese a mi reticencia, han hecho las compras pensando también en mí. Anita nos esperará en el Parque de Retiro, a partir de las 1030, así que dejamos el departamento con Caro cerca de las 10. Bajamos, y comenzamos caminando, pero esta caminata lleva un ritmo poco usual. Algo me dice que no caminaremos hasta encontrar a la amiga de mi prima... Mi cuerpo pide una tregua para intentar digerir la comilona de hace apenas 20 minutos, pero Caro me dice "comenzamos a trotar?". "Oh, no!" pienso, pero por mi boca sale un "dale!" y comienza el trote, apenas a 2 cuadras de distancia de lo que es hoy mi hospedaje. El tráfico está tranquilo por la avenida del Mediterráneo, y el Parque de Retiro queda a unas pocas cuadras, pero por más fuerza mental que haga, ningún semáforo complotará contra este trote poniéndose rojo para el peatón. En menos de 6 minutos estamos en el Parque. Bueno, en la periferia de el mismo. "Dónde nos espera Anita?". "En el Ángel Caído". "Mmmmm, espero que ese Ángel no quede tan lejos como sospecho" pienso, pero el poco aire que el proceso de digestión deja libre no es suficiente como para que yo pueda emitir alguna otra palabra.

Mientras bordeamos el parque, con sus verdes impecables, y su enrejado de 3 metros de altura, se ve mucha gente haciendo jogging por los senderos ya marcados seguramente por los mismos deportistas. Algunos viejos, a quiénes el físico ya no les permite trotar ni aunque quisieran, se sientan en los bancos a leer el periódico plácidamente.
10.20 estamos en el Ángel Caído, una estatua de una fuente situada medio kilómetro parque adentro. De Anita, ni señales, así que yo aprovecharé para tomar aire, elongar piernas, espalda, hasta dedos!, y dejar que ese jamón avance un poco en mi sistema digestivo. 10.32, voy y vengo de un lado al otro, alrededor del ser celestial, observando los deportistas, la gente pasear y el personal de mantenimiento del parque. Finalmente, cerca de las 10.40 se ve a la distancia, una figura femenina cuyos movimientos enérgicos asustan. Es Anita! Y ahora puedo decir que "se juntaron el hambre y las ganas de comer". Mamita!!! Ya me estoy arrepintiendo del momento en el que acepté venir a trotar con estas dos maratonistas!!! Van a ser 40' de trote a un ritmo importante, que se amenizan viendo el espectacular partque por dentro, el que tiene, entre otras cosas, el Palacio de Cristal, una estructura de hierro y cristal situada en los Jardines del Retiro. El recorrido aleatorio termina cerca del Lago, donde hay dos cafés en los que las chicas suelen sentarse a beber un café al final del ejercicio. Esta vez, ambos estarán cerrados debido a las vacaciones y nos conformaremos con volver a casa a almorzar (al menos no trotando), mientras yo recobro mi aliento. Justamente en el lago, está instalado un set de grabación, donde se filma una escena de unas personas remando en un pequeño bote. Disminuimos la velocidad de nuestro paso, para darle un poquito de lugar a nuestro cholulismo y también conocer un poco cómo se hacen las películas. Anita retoma el camino que la devolverá a su casa. 
Luego de una ducha refrescante y un rápido almuerzo, estamos listos para volver al ruedo. El plan es conocer el estadio del más "humilde" de los equipos madrileños: el del Atlético de Madrid. Antes pasearemos un poco por el centro, donde aún se ve "la resaca" de la Jornada Mundial de la Juventud que se terminó justamente 1 día antes de que yo llegue a la ciudad: vallas en las calles y lugares públicos, jóvenes con altoparlantes cantando (probablemente) canciones religiosas en los más variados idiomas, banderas, remeras y la popular mochila naranja, roja y negra que los "colaboradores" han adquirido. A la gente que se ha quedado trabajando en la ciudad todavía le dura la indignación de la visita del Papa. 
Nos movemos con el metro, donde en una de las paradas sube un hombre con el peor olor a sobaco de toda Europa. Nosotros estamos como a 3 metros del tío, pero la esfera de olor es tan enorme e intensa, que nos sumerge en la desagradable baranda. Es el peor olor que sentiré en todo el viaje y probablemente en toda mi vida. Por suerte, desciende a unos pocas paradas. 
La popular Puerta de Alcalá se nos cruzó en el camino

En el camino, para calmar la sed que está dando este día tórrido y el trote matinal y también para hacer un poco de tiempo, nos tomamos unas cañas en la taberna Tirso de Molina, un bar de estilo clásico, todo de madera por fuera, y por dentro con sus choperas cromadas, la barra también de madera lustrada y vitrales en los techos. Un nivel tremendo el nuestro!.


La taberna Tirso de Molina, tan clásica como pintoresca.
Restaurantes con pinturas en los azulejos exteriores. Este ofrece espectáculo de flamenco en vivo.

Mientras caminamos en dirección del Vicente Calderón, yo me detengo a hacerle fotos a los pintorescos restaurantes, que tienen por fuera madera y azulejos pintados. Claro, mi prima no se divierte tanto como yo, pero ahora comprende que sacar fotos es para mí casi una necesidad.


Callejuelas de Madrid

Finalmente en el estadio, nos recibe una escalera con alfombras negras que dirige hacia el interior. La misma se ha despegado en uno que otro escalón y podría causar un accidente a cualquier distraído. Mi primera impresión es bastante poco "europea". Al ir a la boletería, nos damos con 2 jóvenes "gallegas", que no están tan bonitas, pero su acento me puede. Nos dicen que a las 1630 larga el tour por el estadio, que está incluido en el precio, pero hay que coincidir en el momento que comienza para tomar parte. Como falta una media hora, nos distraemos en el gift shop, que parece más sudamericano que otra cosa, con su contrapiso. Volvemos para finalmente entrar al museo, donde podemos ver el historial del club, bastante humilde a decir verdad, con más momentos tristes que de gloria. Sus copas, las camisetas y la Europa League 2010 y Supercopa Europea 2010 como los trofeos más grandes ganados recientemente. Forlán, sin duda la figura del club, me permite sacarme una foto con él. Es de cartón, pero le pongo onda. 


Los logros del Aleti en la vidriera

Forlán y yo, cuando aún éramos amigos. Le estoy recriminando un pase que no me dio allá por el 2007.

Para mi, esto es una revancha por los  estadios de la Fiore y el Valencia. De repente, la misma vendedora de la entrada dice "por favor, me siguen para hacer el tour". Es ella quién lo va a dar! y no parece llegar a los 18 años. En el recorrido por las tribunas, nos detenemos de tanto en tanto, y ella hace algún comentario acerca de la historia del club, pero en muchos momentos se nota que tuvo que memorizarse las líneas. Hay una pareja yankee que se pasea con las bolsas de Real Madrid, y que no entienden una palabra del español, por lo que se conforman con mirar el estadio. A veces, nuestra guía intenta explicarles algo en inglés, pero deja muchísimo que desear. Mi prima y yo intentamos levantarle el aplazo al tour para esta gente, pero creo que no habrá manera de salvar "ese muerto". Igual, la guía se merece una foto conmigo ja. 


"Está bien, te perdono que no puedas explicar algunas cosas en inglés"

Pasaremos por la sala de conferencia de prensa, donde mi prima me contratará para jugar en el club; veremos el vestuario, donde nuevamente el casillero de Forlán se lleva toda la atención y terminaremos saliendo al museo, donde justamente se proyecta un pequeño corto en una sala. Lo vemos, porque queremos aprovechar cada euro que ha valido la entrada, y justo sobre el final llama Gabriel, quién ya está tomándose un café en el bar, esperando por nosotros.


Cerrando el trato con el Aleti, para jugar un añito en Madrid... Me encantaría!

Todos los trofeos del club

El plan es pasear un poco en "coche" por la ciudad. Salimos por la calle 30, bordeando el río Manzanares que cruza la ciudad, pasando por debajo de la platea del Vicente Calderón, y pronto tomamos el Paseo de la Castellana,  en dirección norte, pasando primero por el Estadio Bernabeu del Real Madrid, luego por la Plaza de Castilla, donde está el Obelisco de Madrid y las torres Kio (esas de arquitectura extraña, inclinadas hacia la avenida); hasta llegar a las Cuatro Torres Business Area, un parque empresarial donde están los edificios más altos y modernos de la ciudad. Acá pegamos la vuelta y Gabriel sugiere ir a ver un "verdadero estadio". 


El Santiago Bernabeu, enorme y atractivo.
Las Torres Kia, desde el Paseo de la Castellana.
Una de las torres, sobre mi cabeza, aunque no se aprecie en la foto.
Las Cuatro Torres del Business Area

Nos detenemos casi al frente del Gift Shop del Bernabeu, y es ahí donde entramos. Puedo decir que estoy boquiabierto por el merchandising de este club: se ven extranjeros (sobre todo asiáticos) comprando cualquier item con el logo del Real. Mucha gente, mucho movimiento, muchísimos artículos, desde los más obvios hasta los más absurdos. En un momento, se acerca un promotor a acercarnos una promoción, que por unos 50€ anuales te hacés "madridista", y "de regalo" te dan entradas para visitar el estadio y el museo y para ver el partido de mañana por la noche contra Galatasaray por la copa Santiago Bernabeu. Suena bien, y el tipo es muy insistente, aunque nos entusiasma, da para pensarlo. 50€ no es poco, pero también es una oportunidad casi única. Después de darle una vuelta completa al shopping de 2 pisos, y mientras escucho las historias de los sobrinos de Gabriel (se nota que los adora), quiénes también son fanáticos del Real y han venido al estadio alguna vez con su tío, yo estoy casi decidido a desembolsar ese monto, pero Gabriel no quiere que yo venga al estadio solo. Luego de discutir, Caro y Gaby llegan a la conclusión de que ellos también se harán madridistas, y que Caro me regalará la afiliación al club, como obsequio de cumpleaños. Yo insisto en que no hay ninguna necesidad, y que puedo absorber el caso, pero termina siendo un presente. Llenamos todos los formularios y, contentos, recibimos nuestros vales.
Se nos ha pasado el día,  son más de las 2030 y es hora de volver a casa. A mi me está pasando factura el trote de la mañana y no me parece mala idea volver a casa a comer algo y acostarnos. El plan de mañana es también deportivo, pero con bici. Eso sí que va a estar bien. Por ahora, es momento de ir a soñar con un estadio del 1er mundo repleto y un lindo espectáculo con mis primos.

Vaya, vaya, aquí no hay playa - Madrid, día 13

Saber que puedo quedarme el tiempo "que quiera" en casa de Gabriel y mi prima me hacen olvidar un poco ese "apuro" con el que anduve anteriormente, esa necesidad de conocer una ciudad lo más que se pueda en poco tiempo. Sin ningún plan por delante, me levanto relativamente tarde, aunque he estado despierto desde temprano por unos ruidos que provienen de la calle, de obreros haciendo trabajos viales. La pareja huésped ya se encuentra levantada, pero no me han ganado por mucho. Hay café, leche, sandía, y jugo de naranja para desayunar, al que ellos complementan con vitaminas. Aunque para mí está bastante bien, mi primo político no está conforme con lo que puede ofrecerme y me dice que hoy "iremos de compras" para abastecernos. Me pregunta acerca de mis gustos, entonces yo intento hacerle entender que no soy un problema en cuanto alimentación. 

Apenas después de desayunar, Gabriel me ofrece su I-Pad para acceder a Internet, mientras él busca en su colección de artículos y guías de Madrid, algo que a mi me sea útil durante mi estadía. Yo me siento en uno de los cómodos sofás del living a ponerme un poco al día con todos, a mandar las acostumbradas señales de vida a casa y a escribirle a Pato, mi ex compañera de secundario que hoy vive en Madrid, hasta que desde la pequeña habitación escucho que me llama por mi nombre. Salgo de mi ensimismamiento para dirigirme hacía dónde él esta, y me sorprendo al ver la habitación tan llena de mapas, catálogos, y guías de Madrid. "Veo que te interesa Madrid" le digo con algo de sorna, y me responde que él es una especie de fanático de su ciudad, a la que ama y conoce como la palma de su mano. "Estos te pueden ser útiles" - continúa - mientras estira su mano hacia mí con un par de guías de la ciudad. Son bastante abultados, por lo que le contesto que no creo tener el tiempo necesario para leerlos. "No importa, tenlos y lee lo que te interese, luego me los devuelves" me contesta, confiándome sus artículos de colección con amabilidad .


Mientras tanto, mi prima se ha comunicado con su amiga Anita, con la que nos juntaremos en menos de una hora. Gabriel nos llevará en su "BM" hacia la parte céntrica, cerca de dónde ella vive.


Alrededor de las 11 am llegamos al casco viejo de la ciudad, donde Gabriel con mucha buena onda nos deja. "Tenemos que pasar a buscarla a Anita" me dice Carolina, y  así lo hacemos. Por momentos, las calles se parecen mucho a dónde cenamos anoche, por eso suelto la pregunta "estamos cerca del bar de anoche?", y me dice "sí. Mirá, allá es justo donde dejamos anoche el auto". Estoy verdaderamente perdido, pero al menos reconozco los lugares. Pronto llegamos al departamento de la amiga de mi prima. Un edificio del siglo XVIII, en el barrio de la Latina, en el casco antiguo de la ciudad. Tiene un balcón hacia la calle, relativamente pequeño y antiguo, y una extraña distribución, pero muy acogedor. Hay algo nuevo, que no llego saber qué es, porque mi prima dice que "ha quedado muy bonito". Anita nos hace pasar, nos sienta a su mesa y nos convida algunos mates, tostadas y mermeladas, mientras cuenta un poco la situación por la que está pasando: ella subalquila una habitación de su departamento para recortar gastos, y compara un poco su actual inquilino con el anterior, el que al parecer ha sido una experiencia digna de olvidar. Anita es realmente un personaje, que a todo relato le pone un toque de humor que se combina perfectamente con su tonada mendocino-española. Entre tanta charla, mi prima propone salir a dar "una vuelta", pero antes le pide a su amiga que me preste un "móvil" que tiene para los que estamos de paso por la ciudad. Anita nos cuenta que el último beneficiario dejó la alarma programada para las 7 am, lo que ha significado una tortura para la pobre algunos días, hasta que pudo solucionarlo de la manera más eficaz: despojarlo de la batería.


Nuestro paseo será simplemente alrededor del Palacio Real de Madrid. Mis guías se encargan de contarme lo más que puedan al respecto, mientras alternan su relato con los chismes diarios madrileños. El Palacio es la residencia oficial del rey de España, utilizada fundamentalmente para ceremonias oficiales, ya que los Reyes residen habitualmente en el Palacio de la Zarzuela, el cual queda también en Madrid. Me sorprende la extensión de los terrenos. Les pregunto si es posible visitarlo, y aunque me contestan que sí, me sugieren no hacerlo, porque como "en todo palacio" te muestran menos del 10%, lo que no justifica, a su entender (y el mío también), el desembolso. Delante del Palacio está la Plaza de Oriente, donde los jardines centrales de modelo barroco están situados alrededor de la figura de Felipe IV. Muy elegante, por cierto, y naturalmente, pulcra. Mientras las chicas hablan entre ellas de algún otro tema que a mi no me compete, saco mi cámara del estuche y hago una foto de la plaza con el Palacio de fondo. Enseguida mi acción llama la atención de ambas, y mi prima me pregunta "querés sacar fotos?". Creo no haber contestado, al menos con palabras, pero estoy seguro de que mi gesto denotó un "Sí!" más grande que el mismísimo Palacio. "Vas a tener tiempo de sacar fotos" se contesta ella misma, tratando de tranquilizar mi sed de fotografías.



La única foto del día. Prometo hacer más en los próximos días!

Luego de poner nuevamente mi cámara "en su lugar", me dedico a integrarme a las charlas. "Si no puedo sacar fotos, al menos 'chismosiemos' de residentes en Madrid". Es ahí donde me interiorizo con la vida de la arquitecta Ana H., quién nació en Mendoza, pero de pequeña se mudó a Mar del Plata, la que abandonó de que mi prima hiciera lo propio con Tucumán. Ella pudo disfrutar de las bondades que el país ibérico ofrecía cuando el nuestro se caía a pedazos y hasta que explotó la burbuja inmobiliaria que ha generado toda esta crisis, y hoy, por desgracia, las cosas han cambiado bastante para ella, como para otros millones. Hace varios meses que se encuentra "de paro", como le llaman los españoles al estar desempleados, pero no pierde la esperanza de que esto cambiará.

Tanta charla nos está abriendo el apetito, y para combatirlo, pasaremos por un pequeño bar a tomar unas cañas con unos montaditos. Será un pequeño aperitivo, pues el plan es volver a "casa" y almorzar ahí. Caro y Anita hablan de la actividad deportiva que llevan a cabo todos los días en el Parque del Retiro de Madrid, y me invitan a unirme al grupo a partir de mañana. Ellas están muy bien entrenadas, y yo no hice más que caminar últimamente, pero acepto el desafío, dando mi palabra de que iré con ellas. Caro no cede ante mi iniciativa de pagar e invita una vez más. Los tres nos dirijimos a la parada del bus, para volver a casa, pero Anita no se unirá. 


Ya en el depto Gabriel nos propone salir cerca de las 18 a hacer compras, y aunque yo he sentido que están haciendo todo por mi presencia, él lo ha justificado diciendo que no tienen "nada" para comer.


Almorzamos juntos, con mucha charla, compensando los momentos de silencio que pude haber tenido viajando solo y los otros que vendrán. A la hora de la siesta, me siento nuevamente en el cómodo sofá, a continuar leyendo las guías de Madrid, mientras espero la hora de ir a hacer las compras.


Ya por la tarde, nos dirigimos a un gran supermercado, donde, a pesar de mi insistencia, quieren comprar todo para mí. Me preguntan "comes cereales?", "qué lácteos te gustan?", "cómo desayunas?", y tantas otras. Realmente quieren que me sienta como en casa. Carolina toma su camino y compra en general para la casa, mientras yo me uno a Gabriel, que hace las compras exclusivas para mí. Verlo comprar es casi desesperante. Minucioso al máximo, leyendo dónde se produce cada cosa, qué ingredientes tiene, cuánto pesa, qué precio. El tipo no tiene ningún apuro. Yo le cuento al pasar cómo hago mis compras en Alemania,mientras le digo "llevá ése" para simplificar la selección, pero este asunto es demasiado serio para él como para seguir mi sugerencia, mientras me dice "sabes? tienes que ser muy selectivo con lo que consumes. Si compras barato, puedes estar comiendo cualquier porquería, sólo por comer barato". Termino resignándome y dándole la razón.


Luego de más de 3 horas volvemos al departamento, cargados de provisiones. Ahora estamos todos contentos, pero demasiado cansados para volver a salir. Cenaremos algo de lo recién comprado y el día terminará acá. Me acuesto pensando que esto se parece más a las vacaciones que normalmente he tenido con la familia que a la "aventura europea" que yo había dibujado en mi mente. Pero es cierto, no está tan mal tomárselo así por un día.