Ya lo había decidido anoche antes de apoyar la cabeza contra la almohada. Hoy tengo que visitar la Basílica de San Pedro, y para eso tengo que ir temprano porque ya es viernes, y empiezan a llegar (aún más) turistas. Por todo eso estoy largando temprano: 07.30.
Giulia me explica cuáles son las conexiones de buses que tengo que hacer para llegar a la Piazza San Pietro, y se disculpa porque no podrá acompañarme ni hoy ni mañana para mostrarme el resto de la ciudad. Se siente culpable por eso, como si no fuera suficiente con darme un lugar para dormir!. Intento convencerla de que no pasa nada, pero mis palabras no lo logran... me parece que hablo alemán peor de lo que pienso.
Aunque, por otro lado, saber que Giù no estará conmigo durante el día me da la posibilidad de aplicar ciertos "trucos" que mucha gente me ha recomendado hacer en Roma.
Al llegar al Largo Argentino, busco un negocio donde pueda comprar nuevos auriculares. Los que compré justo antes de salir de Alemania los destruí la primera noche en Roma, al no darme cuenta de que los estaba arrastrando y pisando hasta molerlos. Un animal!
Con mis nuevos auriculares, me apresto felizmente a tomar mi bus que me llevará a Piazza San Pietro, escuchando música del altiplano. Suena Aire de Huayno de Los Runas (?) y por la ventanilla se ve Roma en todo su esplendor! Una cosa muy loca.
El bus me deja casi en el mismo lugar por donde entré ayer, pero, a pesar de ser recién las 08:15, hay una cola eterna para entrar a la Basílica. Le da media vuelta a la plaza!! No escucho tonadas argentinas, ni siquiera un poco de castellano, como para hacer amigos y poner en práctica mi sub-desarrollada "viveza criolla", por lo que me abstengo a mezclarme con las hordas de turistas de quién sabe dónde. Es todo un desafío esta espera, sabés? En el tramo final, por si todavía no estás lo suficientemente irritado, te da el sol con toda la furia, primero en la nuca y después de un lado de tu cara. Te vas rotizando de a poco, y cuando querés emparejar con tu otro costado, ya estás adentro de la Basílica. De todas formas, mi piel que está bien transparente gracias al "verano" alemán, se la banca sin ningún problema... si, soy negro, y qué?!
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| Una de las fuentes en Piazza San Pietro |
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| La gente disfruta la vista desde la cúpula |
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| La cola para entrar a la Basílica |
En la entrada de la Basílica hay un control de seguridad verdaderamente estricto, donde no pasa casi ningún tipo de metales (salvo monedas, claro) y están los guardias para tocarte entero en caso de que suene la alarma. En los basureros instalados antes de los controles se pueden ver las cortaplumas, navajas, etc. que la gente inevitablemente debe arrojar si quiere entrar. Me pregunto qué harán con tantas navajas. Tal vez Ratzinger se divierte por las noches lanzándolas contra un blanco giratorio con una mujer en él, mientras se clava un whisky con un par de amigos timberos. No suena tan loco cuando uno lo lee, no?
Una vez adentro de la Basílica me decido a ir primero a la cúpula. Supongo que la vista desde ahí tiene que ser buena. Pero Dios cree que yo no merezco subir hasta la cima sin pagar. Pienso que si me confieso, tal vez me dan un ticket para subir gratis, pero después me doy cuenta de que problabemente también me cobren por cada minuto de confesión, así que decido no pregonar mis fechorías. Subir los 551 escalones a pie cuesta tan sólo €5 y mucho sudor; subir combinando el ascensor y luego 320 escalones cuesta €7. Rehidratarme me costará solo encontrar una fontanella y mi estado físico es apropiado para hacer todo a pie, así que me inclino (de nuevo) para la opción más económica. Al comprar mi ticket, me dejan en claro que Dios no recibe cheques, ni tarjetas de crédito/débito, ni tampoco le importa que seas estudiante. Todo bien con vos, Gott!
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| Aquí sólo cash, dude! |
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| Sólo los más fuertes llegarán al final |
Cómo un atleta, subo rápidamente hacia la cima, dejando atrás a todo competidor, pero antes hay un pequeño desvío para ver la Basílica por dentro y desde arriba. "Lujo" es la primera palabra que se me instaló en la mente. Reniego por la reja que evita que algún suicida logre su cometido en la Basílica, ya que no puedo hacer una foto buena.
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| La cúpula, desde adentro |
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| Las paredes con los dibujos hechos de trozos de piedras - Otro día cuento las piedritas |
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| La reja, que en lugar de impedir que me suicide, hace que me quiera suicidar! |
Sigo mi camino hacia lo más alto y la escalera se empieza a hacer más angosta e inclinada. Hay chinos por todos lados, y todos con cámaras de fotos tan espectaculares, que me dan ganas de tirar la mía por la primera ventanita que encuentre. A esta altura estamos todos amontonados, la temperatura es elevada y el aire es poco. Sin embargo, rápidamente me encuentro con la salida a lo más alto de la cúpula. La vista de Roma es tan espectacular que súbitamente me olvido del calor, la sed y los chinos. Las palabras están de más y las fotos lo dicen todo:
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| La foto está sacada derecha |
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| Roma, desde la cúpula. Lástima que la hice descentrada |
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| Mas Roma desde lo alto |
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| Por un segundo pensé en El Reloj del Parque 9 de Julio |
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| Los jardines de la ciudad del Vaticano |
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| "Cuidado para bajar" diría mi viejo |
Después de casi hora y media de coparme con la vista de la ciudad, decido bajar, pero antes me tomo un descanso, donde me como una "pesca" (durazno) horrible. Duro como la piedra. Pero mi hambruna es tal, que decido poner a prueba la resistencia física de mis dientes y la fortaleza de mi mandíbula.
Ahora es el turno de ver la Basílica por dentro. Lo que te asombra no es sólo lo brutal de su tamaño, sino también el mármol y el bronce (al menos bronce) que hay por todos lados. Esculturas de santos, puertas, columnas, tumbas, etc. Imposible verlas y recordarlas a todas. Impresionante! Estoy sacando fotos a lo loco, hasta que veo una flaca "de color" que hace también sus capturas desde su I-Pad, pero algo me llama la atención: ella no solo mira a través de su I-Pad para tomar las fotografías, sino que observa todo y a todo momento a través de él! "Suficientes fotos de la Basílica" me digo a mi mismo, y guardo mi cámara, mientras me pregunto cuántas fotos habrán en el Mundo de este lugar.







Tengo un hambre monumental, y dejo atrás la Basílica para buscar un lugar medianamente decente donde comer. Nada parece tener el balance precio-calidad justo, pero sé que es normal, ya que estoy en medio de un lugar muy turístico, por lo que sigo caminando hasta alejarme un poco. Por fin encuentro un pequeño bar donde, después de hacer toda un estudio de la carta, pido una lasagna, a pesar de los treinta y pico de grados. Quién no disfruta sentarse en un bar sofocante, con un ventilador gigante tirándote aire en la cara y comiendo una deliciosa comida típica ideal para días fríos?! De todas formas, disfruté muchísimo mi lasagna.
No tengo un plan para seguir, y solo sé que quedamos con Giulia para encontrarnos a las 16 en Largo Argentina, por lo que decido enfilar a pie para esos lados, disfrutando de lo que se me cruce en el camino.
Primero puedo ver desde el Largo Giovanni XXIII la gran avenida que desemboca en la Piazza San Pietro. Según Mario, el uruguayo que conocí la noche anterior, Napoleón mandó a demoler todas los caseríos que rodeaban la Basílica y mandó a crear esta avenida, para que la vista sea espectacular y nada la entorpezca.
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| Largo Giovanni XXIII y la Basílica San Pietro |
Sigo mi camino y me topo con el Castel Sant'Angelo y su respectivo puente, que cruza el río Tévere. Me fascino un poco con las esculturas que adornan el puente, y me detengo a sacarle una foto a los candados cerrados que han sido colocados por anónimos para simbolizar su amor eterno. "Hará algo esta gente con los candados cuando se separan?"
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| Castel Sant'Angelo y el puente homónimo |
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| Estarán Jesús y "Sanpra" todavía juntos? |
Ahora paso por Piazza Navona, donde, según me explicó Mario, está la Fontana dei Fiumi que representa los 4 principales ríos del mundo: el Nilo, el Ganges, el Danubio y el Plata. También me contó que al frente está la iglesia de Santa Agnese in Agone, obra de Borromini, que era considerada gigantesca y por eso, Bernini, quién diseño la fuente y era la "competencia" de la época, esculpió la figura de un hombre con una reacción de "oh, esto es exageradamente grande!". Parece que los genios en esa época tenían una forma genial de desafiarse y burlarse entre sí.
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| Piazza Navona y la figura del hombre asombrándose por la iglesia (derecha) |
Finalmente llego a Largo Argentina, con la puntualidad que Alemania me ha inculcado, pero Giulia todavía no está ahí, por lo que me entretengo haciendo fotos de los gatos que ahí viven.
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| Largo Argentina |
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| Los gatos, viviendo como reyes romanos |
Recién a la media hora llega Giulia con una amiga, cuyo nombre no recuerdo, por lo que a partir de este momento se llamará "Iraní" (es descendiente de iraníes). Con ellas tomamos un rico helado italiano, caminamos un poco hablando de cualquier banalidad, e incluso Iraní nos hace una foto en el monumento a Giordano Bruno (un filósofo, que por revolucionario lo terminaron mandando a la hoguera), hasta que nos topamos con un Lush, un negocio de cosméticos naturales. Es la muerte! Estas dos benditas preguntan por cada uno de los artículos!!! y aunque me siento cansado, no quiero pasarme el resto de la tarde en este lugar, pero las chicas no se dan cuenta de mi postura. Me entretengo ensuciándoles las caras y haciendo otras tonteras con las muestras, hasta que me canso y me voy a sentar a una plaza por ahí, donde casualmente hay una persona tocando el clarinete, y colabora para que ese sea mi momento de relax en esta espectacular tarde romana.
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| Monumento a Giordano Bruno |
Finalmente las chicas hacen sus compras y seguimos camino. Ellas hablan constantemente en italiano y yo entiendo tal vez el contexto de la charla, pero no tengo ganas de concentrarme. Finalmente Iraní se despide, y toma su bus a casa. Entonces con Giù nos vamos a caminar por las orillas del Tévere, donde hay cientos de lugares para sentarse a tomar algo, aunque al final nos terminamos sentando en cualquier lado solo para seguir conversando. Como ya está atardeciendo, aprovechamos para hacer unas cuantas fotos del lugar con la caída del sol.
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| La luna hace su aparición |
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| El río Tévere y uno de los tantos puentes que lo cruzan |
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| Qué tristeza! Estoy en Roma! =D |
Por último, volvemos a Piazza Navona, donde la gente, los artistas callejeros y los vendedores se chocan unos a otros por un lugar. La fuente que había visto durante el día se ve mucho más linda por la noche, pero ya siento deseos de acostarme. Giulia advierte que estoy verdaderamente cansado y me pregunta si quiero volver a casa. Mi "sí" es tan contundente, que en ese mismo instante retomamos el camino de regreso a su casa para descansar, y sabiendo que ya tengo a Roma "contra las cuerdas".
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| Giù admira la belleza de Piazza Navona |
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