lunes, 31 de octubre de 2011

A patear Roma! - Roma, día 2

Me despierto cerca de las 9, y a pesar de que no es muy tarde, el día ya avisa que no dará respiro con la temperatura. Giulia ya está de pie y me dice que me va a mostrar una parte de la ciudad hasta pasado el mediodía. Dejamos la casa rápidamente y nos vamos a desayunar a un pequeño café italiano, donde me tomo, sin sentarme, un capuccino con un croissant repleto de chocolate y Giù se toma un café con una especie de pastafrola. El chocolate de mi croissant es abundante y en un intento de seguir comiéndolo, cae una gigantesca gota sobre mis zapatillas. La servilleta no es suficiente para limpiarla, y asumo que la mancha me acompañará como mínimo hasta que alguna lluvia me agarre desprevenido en algún lugar.
Nos tomamos el "bus", aunque a mi entender eso es un tranvía, para dirigirnos al Largo Argentino, una plaza que tiene 4 templos republicanos y los restos del Teatro Pomeyo. También es hoy un refugio para gatos sin hogar. A partir de ahí nos dirijimos a pie al Panteón de Agripa (El Panteón), que fué construido durante el Imperio Romano para adorar a los dioses, sin embargo cuando entrás te piden respeto y silencio. El edificio es asombroso, por su gigantesca cúpula de más de 40 mts de diámetro y una perforación en el centro de 9 mts, por donde entra la luz del sol (y la lluvia tb, supongo). Después leí que es la mayor cúpula de hormigón en masa de la historia. Más grande que la de la Basílica de San Pedro! Según Giulia, hay un día y una hora especial en el año en el que la luz entra en un ángulo particular, y le da un color púrpura/anaranjado a todo el lugar. Está claro que ese día no es hoy...
La cúpula del Panteón y su perforación
El Panteón desde afuera
Giulia me saca una foto mientras tomo agua de una de las "fontanellas", que son unas fuentes con agua potable distribuidas en toda la ciudad. Minutos después chequeo esa foto y me doy cuenta de que... ya no tengo nada de peloooo! No obstante, Roma es tan "bellissima" que la preocupación me dura exactamente 2,39 segundos. Y además, hay cosas que no se pueden evitar...
La foto que me perturbó
Dejamos el Panteón atrás y nos vamos en dirección de la popular Fontana di Trevi. Al llegar, mi asombro es gigantesco por la cantidad de gente que se agolpa en el lugar. Todos quieren una foto ahí! Y por supuesto, yo también. Buscarle el ángulo para que no se vea la cantidad de gente es bastante complicado, pero me voy feliz con mis resultados. Todos los turistas arrojan monedas a la fuente, y piden su deseo. Según me explicó Giulia, por las noches vienen a recoger esas monedas y se las destinan a organizaciones caritativas. En realidad, eso es lo que debería suceder. La verdad es que el dinero lo junta una especie de mafia (si no hay mafias en Italia, dónde entonces?!) durante la noche, mientras la policía hace la vista gorda y vaya a saber uno qué es lo que hacen con él...
Fontana di Trevi
Seguimos rumbo, y el próximo destino es Piazza Venezia. En realidad yo no tengo mucha idea a dónde me lleva Giulia, simplemente me limito a seguirla. En el camino, sea cual sea, te cansás de ver edificios con fachadas espectaculares, y ni siquiera los mismos romanos pueden explicarte cada cosa que ves.
En Piazza Venezia está el Monumento Nazionale a Vittorio Emmanuele II (el primer rey de la Italia unificada), todo de mármol. Una cosa descomunal a la vista, por su tamaño, la belleza de la arquitectura y la ubicación que ocupa en la ciudad. En el monumento a Victor Manuel II se encuentra también la tumba al Soldado Desconocido, donde hay una llama eterna en memoria de los soldados muertos no identificados, y también un museo con las banderas de Italia durante distintos momentos de su historia. Demasiado para ver en un solo lugar y con tan poco tiempo!
Giù y yo, en Piazza Venezia
Museo del Soldado Desconocido
Las banderas italianas, vaya uno a saber de qué época
Caminamos por Via dei Fori Imperiali, la avenida que conecta Piazza Venezia con el Colosseo, pero antes pasamos por el Foro Romano, el lugar central de la antigua ciudad, donde se llevaban a cabo todas las actividades comerciales, religiosas y jurídicas. Hacia el final de la Via dei Fori Imperiali ya se puede ver el monumental anfiteatro, y aunque hoy Roma está plagada por pequeños negocios  para turistas en sus calles, no es difícil imaginarse lo que debe haber sido ese lugar en las épocas de gloria del gran Imperio.
El Foro Romano
Via dei Fori Imperiali y el Colosseo de fondo
Por fin en el Colosseo, Giulia se despide y me da las indicaciones necesarias para volver, aunque mi alemán es todavía muy malo y entiendo el 15% de lo que me dice. De todas maneras tengo en mis manos el arma más poderosa que todo turista debe tener al visitar una ciudad desconocida: un mapa!. Sin embargo, este mapa tiene algo que yo no descubriré hasta el final de la jornada. Finalmente Giù toma su bus y me abandona en medio de la masa de turistas.
Mi primera duda pasa por saber si entro al Colosseo. La entrada pelada cuesta €12 y con audioguía trepa a los 19€. A pesar de mi prolongada estadía en Europa, mi mente matemática sigue haciendo rápidamente las multiplicaciones por 6, por lo que decido "caminar" Roma.
Mi GPS de papel marca que lo más próximo es el Circo Massimo, una antigua pista de carreras, donde se realizaban espectáculos populares. El lugar se ha conservado muy poco, y es una verdadera lástima. Solo se ve una explanada con arena y algo de verde. De fondo se puede ver el Monte Palatino, una de las partes más antiguas de la ciudad, y que hoy es un museo al aire libre, muy interesante para los arqueólogos, por la cantidad de ruinas que hay ahí.
En este descampado, me doy cuenta de que el sol está pegando fuerte, y ahora que es plena siesta, peor. En cada fontanella me paro a tomar agua, mojarme la cabeza y recargar mi botella. 
Circo Massimo y el Monte Palatino de fondo
Tal vez es el sol culpable de que me pregunte "dónde estuve anoche? Ah, el monumento a Garibaldi!" y de que decida ir ahí a pie! Luego de varios minutos sin poder encontrar el camino que sube la montaña, finalmente encuentro mi senda y llego al monumento. La vista vale la pena, pero me siento cansado, por eso aprovecho para sentarme y disfrutar de la genial vista de Roma. No obstante, no siento que mi día merezca ser finalizado acá. "Hay que seguir caminando! Qué es lo otro que vi ayer que me copó?... la Basílica de San Pedro, si!" y emprendo mi sinuoso camino hace la Ciudad del Vaticano.
La foto lo dice todo
La vista de Roma desde el Monumento a Garibaldi
Encontré la ruta como pude, y creo que fue lo mejor, porque entré por uno de sus lados, y la Plaza San Pedro me apareció de repente."Uah!, esto es majestuoso!!!", el tamaño de la plaza y el edificio, la terminación y el detalle de cada columna, y de la fachada de la basílica. "Quiero mi foto acá!" pensé, y fue cuando vi a la persona indicada: un fotógrafo profesional, al que le pido en mi super oxidado inglés, que me haga la foto. Nunca, pero nunca, me iba imaginar que la foto que iba a ser fuera tan horrible. Todo cortada y descentrada... me parece que de profesional tenía únicamente la cámara. Al final, me hice las auto-fotos y salieron bastante mejor.
La foto "profesional"
Mi auto-foto amateur
La Basílica ya está cerrada, así que decido que volveré en otro momento para ver todo desde adentro. De todas formas llegar hasta acá era un extra, por lo que doy mi día por terminado ya que me siento por demás de satisfecho. Emprendo mi vuelta, pero pasa algo inesperado. Te acordás que te dije que había algo raro con mi mapa? Bueno, caminando y caminando, pensando que me conocía la dirección para llegar a pie a casa de Giulia, me doy con que estoy fuera del mapa!!! Ya he caminado 40 minutos y no logro volver a ubicarme dentro del mapa. Le pregunto a la gente en la calle sobre la bendita Piazza San Giovanni di Dio, pero siempre obtengo una respuesta diferente o ninguna.
Llevo ya hora y media dando vueltas sin sentido. Tampoco sé que bus tomar, por lo que me voy a comprar unas frutas, para saciar mi hambre y mi sed. Es ahí cuando me acuerdo que Giù me dio su número de celular a la mañana, antes de despedirnos! Entonces le escribo un mensaje diciéndole que estaba perdido, y le tiro mis coordenadas. Mientras espero la respuesta, camino por la zona. No contesta. "Será que no tiene crédito?", hasta que, aleluya!, la respuesta llega con las indicaciones precisas de donde tomar el colectivo.
Encuentro la parada, pero el bus se tarda demasiado y de repente mi intuición me dice que estoy en la parada equivocada. Hay una para la misma línea al frente, y hay más gente ahí. El olfato de goleador me dice que es ahí donde debo esperar. Al fin, llega el bus y, efectivamente, es el que se dirige a lo de Giulia.
Al bajar del bus, me la encuentro a la tana en la parada, y me dice que podemos ir a casa de su mamá a comer, pero no me puede asegurar que haya suficiente comida. Le contesto que no hay problema, y que me compro algo en el camino. Y de comida rápida se trata, qué mejor que una pizza italiana? La pizza estaba muy bien, pero te la empaquetan como un sandwich. Cuando Giulia vió que yo quería separar las porciones me dio un alarido de "no!!!", y luego me explicó que ellos comen así la pizza, la que por cierto estaba muy buena.
En casa de su madre me trataron excelente. Su mamá es alemana, y estaba esa noche con unos amigos, una señora italiana y un hombre uruguayo. Ambos trabajan haciendo algo así como puestas en escenas para películas. Se nota a la legua que son muy bohemios. Giu es bohemia, y ahora entiendo de dónde lo heredó.
Mario, el hombre uruguayo, de barba, con un defecto en uno de sus ojos y un poco gordo, entabla conversación conmigo. Se siente bien escuchar una tonada familiar. En medio de la charla, me pregunta "qué tal hablás el alemán?", a lo que le contesto que bastante mal. Lo que me dijo me quedó muy marcado: "En serio? Bueno, hay algo que yo te puedo asegurar hoy: después de este viaje tu alemán será aún peor!". El comentario me despierta una carcajada medio incrédula, pero el tipo no podría haber estado más en lo cierto.
De repente soy el centro de la charla, y el blanco de todas las preguntas, hasta que llega ésta: "qué has visto de Roma ya?". Cuando les conté el recorrido que había hecho durante el día, casi se caen de culo los tanos. Mario le dice a Giulia, "por Dios! dale una cama a este chico!!!". Definitivamente se debe haber notado mi cansancio en mi cara.
Después de un riquísimo café italiano, emprendimos por fin el regreso a casa de Giulia, para poder descansar y encarar el día 3 con todas las pilas.

2 comentarios:

  1. Fede muy pero muy bueno!! Superó mis espectativas jeje.... La verdad me siento un cazatalentos :P En serio que al ir leyendo (arranque por este que bruto el otro es primero jeje) sentía que compartía tu experiencia y lo que era estar deambulando, deslumbrado y acalorado por Roma. Gracias por compartirlo y hacerme viajar un ratito.

    ResponderEliminar
  2. Sos un grande Nacho, de verdad! Estoy en medio de una crisis existencial y tu idea de escribir lo que he vivido me ayuda a salir de a poco. Lo estoy disfrutando muchísimo, así que por ahora no pienso parar :)

    ResponderEliminar