lunes, 31 de octubre de 2011

Preparado... listo... ya?: Biberach - Roma - Roma, día 1

El día tan esperado llegó. Por fin es 10 de agosto. El departamento, al que tengo que dejar hoy, está impecable, mejor de lo que lo encontré cuando llegué. Mis cosas están repartidas entre la casa de Melanie y la casa de Flip, la primera alemana y el segundo malayo. Cuándo volveré para recogerlas y llevarlas a mi nuevo lugar, todavía no lo sé con seguridad. Lo único que sé es que lo que necesito está en mi mochila de 50 litros: ropa, papeles, documentos, mi Lumix FZ-38 y mi pasaje para volar a Roma. Mi entrañable amigo Ramiro, a quién conocí acá en Biberach an der Riss (Alemania) y quién me mostró cuál es la manera de viajar en Europa, ya ha retornado a nuestros pagos.
Pienso por un segundo al salir de mi última ducha en mi viejo departamento, y me doy cuenta de que esta vez estoy completamente solo, que no tengo ni idea de lo que me espera, pero que seguramente será inolvidable.
Han sido días extraños. Ya me despedí de mis viejos, de mis amigos, y ahora me dirijo a casa de Melanie para dejar mi último bolso con mis cosas y decirle "hasta pronto" a ella también. Extraños, porque sus voces suenan como una despedida definitiva. "Acaso ellos saben algo de mi vuelo que yo no?" me pregunto, y me rio solo. He esperado mucho tiempo para hacer esto!
Mi vuelo sale desde Memmingen (20 Km de Biberach) a las 17.00 y Bene, mi compañero alemán, se ofreció muy amablemente a llevarme en su auto. 14.30 en Markplatz es el punto de encuentro. Antes de eso, le pido prestada una balanza a Melanie, para poder deducir el peso de mi mochila. El límite para mi vuelo low-cost es 10 Kg y/o unas dimensiones especiales del equipaje de mano, pero mi mochila se ve demasiado grande. "Oh, Fede, dein Rucksack ist zu groß!" dice Melanie ("Oh, Fede, tu mochila es muy grande!"). Yo la miro, y si, parece muy grande. Pero pesa 9,500 Kg, sin mi cámara, mi agenda y un libro que llevo para leer, pero de "algún modo voy a hacerla pasar sin pagar una moneda", pienso.
Ya en el camino hacia Memmingen, converso con Bene e intento mostrarme tranquilo, pero lo cierto es que mi cabeza se pregunta muchas cosas y estoy bastante nervioso. El principal motivo es que en Roma haré mi primera experiencia Couch Surfing, donde me espera una italiana que creó su perfil pocos días antes de que yo le solicite hospedaje, y no tenía siquiera una oración que me asegure que no se trata de una asesina serial, o un perfil falso al menos. Hasta las fotos que tenía subidas eran bastante desconfiables. Pero por seguir mi lema "Viajar al menor costo posible", no le presto atención a nada de eso. En realidad me preocupa encontrar el camino para llegar al punto de encuentro. Bene me saca de mi ensimismamiento con una pregunta crucial: "llevas tarjeta de crédito?". "Claro... que no!" respondo. Bene, que ha aprendido español en Guatemala, me dice en claro español "Putas!!! Todo 'cash'?". "Si, pero tengo tarjetas débito... espero que no tenga problemas". Él cierra la charla con un "Cuídate", pero el gesto en su cara es de clara desaprobación. 
Finalmente llegamos al Aeropuerto Allgäuer de Memmingen, y nos despedimos con un abrazo. El deseo de él es el mismo que el de todos: "Suerte y tráeme algo".
Ahora si que tengo motivos para estar nervioso. Tengo que hacer el check-in y esperar que mi mochila no pese más de 10 Kg, entonces aprovecho para vestir una campera de más, a pesar de que el día está "caluroso" (26 °C) y cargar la cámara y la agenda, sin embargo el personal del mostrador no me pide pesar la mochila y siento un gran alivio, aunque aun falta la prueba de las dimensiones.

La sala de espera del aeropuerto Allgäuer

Para el que no sabe, las aerolíneas de bajo costo tienen justo antes de la entrada a la pista del aeropuerto, una estructura donde solo caben los equipajes con las dimensiones especificadas. Cuando tu equipaje no entra tenés dos opciones: pagas los €40 de multa y te llevas el equipaje o bien, no pagás nada y dejas tus cosas en el aeropuerto.
Mi teoría en estos casos, es que si dejás que te vean la gigantesca mochila, te obligarán a probar que entra en la maldita estructura. Entonces aproveché para pegarme a una monja que estaba por delante mío, y esconder mi mochila de la vista del personal del aeropuerto, aunque la vieja medía 1.20 m. Una vez más, paso el control exitosamente, pero cuando subo al avión ya no hay lugar para mi equipaje, justo arriba de mi asiento.

El avión que me llevó desde Memmingen a Roma
"Yo conozco la solución para este caso", pensé, "se llama fuerza bruta!". Con la furia de un animal salvaje defendiéndose por su vida, comencé a empujar los equipajes de los otros para hacer entrar el mío. Hasta que se acerca una azafata y gentilmente me dice "no, no, así no. Podemos poner su equipaje acá" y abre el compartimiento de al lado que estaba completamente vacio... tengo que admitirlo, no siempre es bueno actuar con violencia.
Durante el vuelo de una hora y 25 minutos pude descansar de todo el stress vivido. Me despierto 10 minutos antes de aterrizar y, gracias al bellísimo día, puedo ver desde el aire lo colosal que es Roma, y el hermoso paisaje italiano, con sus verdes y sierras, sus casas al estilo toscano. El día es verdaderamente caluroso, con la temperatura rondando los 30°C.

Italia desde el aire

Las afueras del aeropuerto en Ciampino, Roma

Rápidamente encuentro el bus que me transportará hacia la zona céntrica, aunque el vendedor me advierte que debo apurarme porque está a punto de partir. Corriendo llego a tiempo al colectivo y subo. A mi lado se sienta una japonesa que no saluda, y que está acompañada por un viejo japonés (su padre, su novio?). El tipo tiene una cámara digital "normalucha", pero sin dudas que su tarjeta es gigantesca. Saca fotos sin cesar a todo lo que ve durante el camino y el contador de espacio restante ni se inmuta: marca siempre 9999 fotos.
El paisaje entre Ciampino (el aeropuerto) y la ciudad de Roma no tiene nada de especial, pero ya se pueden ver algunas ruinas del antiguo imperio. El colectivo se dirige a Termini, la vieja estación de trenes en el centro de la ciudad, donde el aspecto de la misma es bastante antiguo. Al llegar, me bajo del bus y le digo "ciao!" al pelado que manejaba, quién al no responder se gana mi antipatía, haciéndome que continúe mi saludo con un "... pelao #@&*!".

Edificio de Roma con la bandera Italiana en el balcón

Giulia, la italiana del Couch Surfing, me había dado las indicaciones precisas para llegar al punto de encuentro, pero sin embargo se me hace muy complicado encontrar la parada del bus H. Intento preguntarle a la gente donde para el bus H, primero en inglés, pero acá el inglés no es una gran herramienta. Son pocos los que lo entienden y lo hablan correctamente. Entonces decido intentar en mi idioma, pero tampoco consigo buen feedback. Finalmente encuentro en Termini la oficina de información turística, donde me indican aproximadamente donde tomarlo. Me dirijo en la dirección que me dijeron, pero antes le vuelvo a preguntar a un policía de tránsito. No entiende nada, y le hago el dibujo de una "H" en el aire... "ahhhh, 'acá'!" -si, "a-cá" se lee "h" en italiano- "go to the place" me dice, señalándome unos metros más adelante, y refiriéndose con "place" a la "square" o plaza. Riéndome de su indicación, camino y encuentro el bendito colectivo, donde subo junto con otra gente por detrás. El colectivo tiene un olor tremendo... en realidad no el colectivo, sino alguien no pudo contener su necesidad de ir al baño. "It smells like shit!", dice un yankee que está parado cerca mio. Y si, de verdad que olía a mierda, pero por suerte se fue cuando comenzó a moverse... o yo simplemente me acostumbré.
Es el atardecer en Roma, y se ve realmente espectacular. Primero Piazza Venezia, el foro Romano, pasar por el Coliseo, y cruzar el Tévere, todo iluminado por un color naranja-azulado de la tarde. Bellísimo! Lamentablemente mi cámara está hundida en mi mochila y no puedo capturar esos momentos. La parte asombrosa de Roma empieza a quedar atrás, y pienso dónde debo bajarme. El punto de encuentro es la Piazza San Giovanni di Dio, pero no tengo noción de dónde puede ser eso. Le pregunto a una señora que está justo a mi lado, pero no tiene idea dónde queda ese lugar. Me dirijo hacia el chofer, empujando a todo el mundo dentro del colectivo, para preguntarle. Me contesta que faltan unos 15 minutos. En ese mismo momento mi cabeza entra en razón, preguntándose qué estoy haciendo! La idea de encontrarse con esa chica, que no tiene ninguna referencia, es una locura total! Llevo dinero encima, mi cámara, mis documentos, todo! Qué pasa si es un perfil falso?! Si me están esperando delincuentes?! La zona que estoy atravesando en este momento no es la más céntrica de esta ciudad. Puede pasar cualquier cosa. Sin embargo, intento calmarme y vuelvo a pedirle al chofer que me indique donde bajarme. Una señora, que está a mi lado, me dice que se tiene que bajar en el mismo lugar, y que ella me va a indicar. Aprovecho para reordenar mis cosas en mi mochila por prioridad, esconder mis cosas de valor y meter algunos euros en la ropa interior. "Ya no me puedo hacer atrás", pienso. Estoy 100% paranoico y no tengo a dónde ir, ni a quién recurrir. "Aquí es" me dice la señora. "Grazie" le contesto, pero en realidad no estaba agradecido para nada. En la parada hay 2 hombres vagabundos que hablan (o discuten) acaloradamente, y parecen algo alcoholizados. La señora toma su camino y yo miro a mi alrededor para encontrar a "la chica de pantalones rosas", como habíamos acordado mediante mensajes por Couch Surfing. No hay nadie. Solo un chico más en la platabanda de la avenida, por donde pasa el tranvía. Decido no quedarme quieto, y dirijirme a él para preguntarle si en efecto estoy en la Piazza San Giovanni di Dio, a lo que me contesta que sí. "Esto está feo", pienso y comienzo a arrepentirme. De repente llega un auto, que estaciona, y del que bajan 3 personas, pero ninguna de pantalones rosa. Entonces me cuestiono, "quién usa pantalones rosa por estos días!!! Nadie!!! Cómo voy a caer en esa?!!" Son las 20.40 y ya pasaron 20 minutos de la hora de encuentro. Es cierto, yo llegué tarde, pero supongo que si alguien estuviera esperando por mi sería más paciente. “Espero un minuto más y me tomo el palo de acá, a buscar hostel” Por suerte, están estos 2 en el refugio, pero de todas formas no quiero seguir aquí, expuesto con mi mochila. Me falta solo un cartel que diga “soy turista, tengo plata, cámara y todo para robar”. En el mismo momento en que me acerco a la parada para tomarme el bus al centro de la ciudad, veo que un auto que se acerca hace juego de luces, pero yo permanezco inalterable, a pesar de mi desesperación y mis ganas de que sea para mi. Los otros dos borrachos de ahí le hacen señas al auto, pero el conductor no les da bola. Entonces de nuevo hace juego de luces y sale una mano como saludando y señalando para que alguien se acerque. Gracias a la luz de otro vehículo que viene por atrás, noto que es una conductora. “Me hace señas a mí!!!!” Corro hacía el auto, y en cuanto me detengo a la par de la ventanilla, escucho, en un alemán clarísimo, que esta chica me dice “subí, subí, rápido!”. Era Giulia, mi contacto no falso de Couchsurfing. Una divina total Giù! Y si, tiene pantalones rosa jaja. De padre tano y madre alemana, simpatía argentina (tana en realidad) y generosidad infinita.
Ya cómodo en su casa, Giulia cocinó unos spaghettis con salsa de tomate que estaban muy buenos y charlamos largo y tendido, conociendo las historias de nuestras vidas. Más tarde me invitó a dar un paseo por Roma en auto, con su novio y un amigo, al que, a pesar de mi cansancio, acepté de formar parte. Y claro, estoy en Roma!!!! "Dormir?... dormiré cuando esté muerto" 
Nos fuimos al monumento de Giuseppe Garibaldi, quién fue una especie de "Che Guevara" italiano. Desde ese lugar, elevado sobre la ciudad, se puede ver Roma y su imponencia, donde la Capilla Sixtina se lleva el premio mayor por la majestuosidad de su cúpula.
Cansado, pero muy feliz, volvimos a casa de Giulia, para descansar, sabiendo que me esperaban días excitantes y agitados.

2 comentarios:

  1. Gracias Fede, me había quedado con ganas de más detalles de la historia mucho más acotada en mail y la verdad genial. Para serte sincero me hiciste matar de risa con los momentos de deseperación y con detalles como reacomodar las cosas en la mochila jajaja.... les ibas a decir "llevense sólo lo de arriba" un groso la verdad da gusto leerlo y poder compartir estas anécdotas de tu viaje, muchas gracias.

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  2. Jaja, si, un desastre la reacción, pero es divertida al recordarla. Está bueno que vos también la encuentres graciosa. Gracias por tu comentario y ser mi seguidor Nacho!!!

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