lunes, 7 de mayo de 2012

La luna de Valencia - Valencia, día 10

Esta espera insoportable está, afortunadamente, terminando, y aunque mi bolsillo se ríe a carcajadas del ahorro de dormir una noche en el aeropuerto, mi cuerpo se queja a los gritos por no haberlo dejado descansar como se merecía.
Me muevo de un punto a otro en el Malpensa Aeroporto, saco algunas fotos de los aviones que llegan y despegan como me lo había pedido mi amigo del trabajo Marcelo, quién es fanático de la aviación: "Más vale que saqués fotos de los aeropuertos y los aviones". No sé si es el vidrio, si es la distancia o si no se me cae una idea, pero las fotos son pésimas. Si algún día me las pide, se las mostraré con mucha vergüenza pero orgulloso de haber cumplido mi promesa.
Avión 1. Creatividad 0
Avión 2. Estaré extrañando Alemania, qué ahora estoy sacándole fotos a la flota de su más popular aerolínea?
Avión 3. A qué hora llega el mío?!
Avión 4. No queda nada para dejar las tierras italianas
Mi desayuno-almuerzo consta de pizza con papas fritas y Coca-Cola. El tiempo me ha sobrado para estudiar cuál era la opción más redituable. Me siento en el momento más gasolero de mi viaje, pero me prometo a mi mismo que no es así como debe continuar.
Dirijiéndome al mostrador del Check-In de Vueling (la aerolínea Low-Cost que me llevará a Valencia) comienzo a cruzar las pequeñas estructuras metálicas que ponen a prueba tanto el tamaño de tu bolso, como tu paciencia y tu temperamento para insitir en que tu equipaje de mano entra en ese pequeño espacio.
La cola no es larga, y aunque el tano que me recibe el papel con la impresión defectuosa de mi pasaje tiene cara de pocos amigos, no me pide siquiera pesar mi mochila, devolviéndome un ticket decentemente impreso de la empresa. Todo está listo para partir!
A las 14.10 abordo, y me desplomo sobre mi asiento. Me parece que no voy a aguantar mucho tiempo despierto. Saco mi libro para leer, y mi agenda para hacer algunas anotaciones, pero todo queda postergado caer irremediablemente dormido.
Me despierto media hora antes del aterrizaje y desde la ventanilla se empieza a ver el espectáculo del mar Mediterráneo, un azul hipnotizador que me recuerda a la vista de los mares de Brasil, aquellas vacaciones por el 2003 en Canasvieiras. Me empiezo a relamer con la idea de que tal vez pueda sacrificar una tarde para darme el gusto de adentrarme en esas aguas. El sol que brilla sin piedad es una invitación a darse unos chapusones! Para el otro lado se ve la tierra firme, que me sorprende por ser menos verde de lo que esperaba y al parecer muy árida.
Lo que quedó del vuelo Milán - Valencia
Por lo menos te advierten cuál es la inclinación adecuada para que no te duela tanto (la espalda al  bajar tu equipaje)
 El avión aterriza puntualísimo, y a las 17 estoy en el aeropuerto valenciano. Los controles son prácticamente nulos para ingresar al país, tal como ya me había pasado en Roma. Se ve muy poco movimiento y escasa gente dando vueltas. Algo extraño está pasando mientras camino, no sé bien qué es, sin embargo sigo mi recorrido en busca de un teléfono público para llamar a Nelli, quién me ha dicho que tiene un lugar para mi en su casa. Cerca de la puerta de salida se ven dos teléfonos públicos, impecables. Por un segundo pienso otra vez "uh, qué bárbaro estos países!", pero en cuanto lo analizo bien concluyo que tal vez en el aeropuerto de Tucumán los teléfonos estén en buen estado. "¿Será?". Y si, mejor criticar con objetividad... Pongo mi mochila en el suelo, saco mi agenda, que estaba sumergida en el desorden, para buscar el número de Nelli, hurgo en mi bolsillo en busca de monedas, levanto el tubo y zas!!! me doy cuenta de qué es lo raro: todo está en español!!! y entiendo todo lo que la gente dice a mi alrededor! TODO! Guau!!! Me quedo impresionado por cómo uno se acostumbra a vivir bajo ciertas circunstancias y lo que a veces para alguien es completamente normal, en otras situaciones es casi impactante.
Ingreso mi moneda, marco el número y me atienden al instante. Es Nelli, quién ya estaba esperando mi llamado. Me dice que me esperará a partir de las 19.00 en la salida del metro. Le describo mi aspecto y mi ropa para que pueda ubicarme. Repite su dirección y me da las instrucciones de cómo llegar. El viaje parece por demás sencillo: desde el mismo aeropuerto tengo que tomar el metro y bajarme al final del recorrido; ella vive a menos de 100 metros de la estación y la parada es Torrent Avinguda (Avenida Torrente en valenciano?).
Cuelgo el teléfono, pensando en el alivio que es llegar a un sitio desconocido y tener alguien que te reciba. Mi idea es quedarme sólo 2 noches en esta ciudad, porque el 21 me encontraré con mi prima Carolina, quién vive en Madrid, y Nelli ya me ha asegurado que no es un problema hospedarme en su casa por ese tiempo.
Bajo al subsuelo del aeropuerto por medio de una escalera mecánica. La estación fue terminada en 2007 y eso se puede ver en al ponerle un pie encima. Hay unas cabinas donde están sus empleados vendiendo los tickets para el viaje y unos molinetes que impiden el paso. Pregunto cuánto cuesta el boleto y me responde €2,90. "$2,90!!!??? En Milán, que es gigantesco, costaba sólo 1€!" le digo al empleado, que solo atina a mirarme fijamente sin emitir ningún sonido. Con cierto fastidio, pago mi ticket mientras pienso sarcásticamente "qué bueno que me albergan, así todo lo que ahorre de hostel me lo liquido en metro". El transporte ya se encuentra ahí, parado, y tiene un reloj electrónico que dice que saldrá en 9 minutos y n segundos. Está prácticamente vacío y puedo elegir libremente el lugar. Todo está impecable, parece recién salido de la fábrica el subte. Así no te molesta tanto pagar casi €3 por el transporte. 
La simpática tarjeta del Metrovalencia. "Vamos a integrar la sociedad": punks, ancianos y murciélagos felices!
Si me aburría durante el transporte, intentaba aprender algo de valenciano
Mientras espero que parta, aprovecho para ver el mapa ed la red de subte, donde me doy con una cosa jamás vista: la línea que estoy tomando, la verde, tiene un punto donde se bifurca y tiene dos destinos finales. Es entonces cuando entiendo algo que me explicó Nelli por teléfono y, a decir verdad, no presté mucha atención! Tengo que bajarme en el punto donde se separan la línea en dos, en Colón, y tomar el "otro cartel" para llegar al otro extremo. Uf! Qué complicado! En ningún lado vi una red de metros tan rara! Bajo en la estación en cuestión, y subo al siguiente metro, cuyo destino final es, supuestamente, Torrent Avinguda. Miro el recorrido que va marcando y me doy cuenta de que estoy en la línea equivocada. "Me cago! Estoy seguro de que vi bien..." Bajo en la la siguiente estación, Alameda, para tomarme otro metro que me lleve nuevamente a Colón dónde por fin podré tomar el subte que corresponde, pero este retraso me jugará en contra porque ya faltan sólo 5 minutos para las 19. Espero que Nelli tenga paciencia... sobre todo para con la gente que no sabe andar en subte.
Todavía no entiendo cómo pueden tener una red de subtes así!
De un momento a otro, el metro emerge de las oscuras profundidades hacia el sol ardiente de Valencia. Se ve poca gente en la calle, tal vez por lo caluroso del día o quizás porque simplemente todos están de vacaciones. Me alejo del centro de la ciudad, mi transporte comienza a cruzar autopistas y a entrar a pequeñas localidades o barrios. Veo algunos graffitis por la ciudad a los que me interesaría sacarle fotos. Espero recordar eso la próxima vez que me suba al metro.
Llego a Torrent Avinguda y esto parece... otra ciudad!!! Se ve una avenida relativamente angosta, con Palmeras en la platabanda, edificios de mediana altura y comercios. Muy bonito y muy tranquilo. Miro hacia un costado y hacia otro. Hay gente, pero nadie que pudiera ser una "Nelli". "Qué cagada!" me digo, mirando el reloj que marca media hora más del horario pactado. Decido ir a buscar un teléfono público y en una esquina, a menos de 100 mts de la salida del metro hay uno, no tan nuevo como los del aeropuerto. Marco el número de la casa y llama constantemente, pero nadie atiende. "Será posible que nunca me salgan redondas las cosas?!?!" Intento dos veces más, siempre sin éxito. Decido alejarme y rondar un poco la salida del subte, cuando de repente veo a una señora de unos 60 y pico, cabello rubio, quién me pregunta "vos sos Federico?" en cuanto me acerco. "Sí! Qué tal?". "Vení" me dice, "yo estoy acá no más". Mientras conversamos un poco de cómo estuvo mi viaje, nos acercamos a su departamento, que está a no más de 50 metros de la salida del subte. Apenas cruzo la puerta del departamento un caniche toy muy juguetón me da la bienvenida con saltos y corridas a mi alrededor. "Leo! vení a saludar!" le dice Nelli a su nieto, Leandro, de unos 13 años, quién está en su habitación, jugando al PES en la Play con una amiga. "Jugás al PES?" le pregunto a la amiga y me responde que no le disgustan los juegos de fútbol. Muy simpáticos y educados los chicos, les digo que nos vemos más tarde y los dejo seguir viciando. Nelli me muestra la habitación que me preparó para dormir y me ofrece incluso lavar mi ropa o cualquier otra cosa que necesite. El departamento está genial, impecable, con un lindo balcón y un living-room con comodísimos sillones. Ahi mismo hay un mueble con muchos CDs de música, con los cuales me entretengo un rato viéndolos. Hay buena música de verdad!
Nelli me ofrece algo para comer a lo que acepto (naturalemente) sin titubear. Trae una tarta dulce muy deliciosa y leche chocolatada, la que disfrutamos en el balcón mientras el atardecer va cayendo lentamente en Valencia y siento esa brisa típica de las ciudades costeras, que mezclan el olor a mar con el aroma de las comidas que se empiezan a preparar cuando se avecina la noche. Aprovechamos para conocernos con Nelli, explicándole quién soy yo y cómo es que tengo su contacto. Me cuenta que ellos volvieron a Valencia por un deseo de su esposo, de vivir sus últimos días en la tierra que lo vio nacer, que hoy esta tierra los trata mejor de lo que lo hizo la tierra criolla, y que si bien España está en crisis, a su entender, los europeos no saben lo que es una verdadera crisis. Miro hacia la calle desde el balcón y pienso en todo lo que he visto hasta el momento, y me convenzo de que sí, en efecto, los europeos no han visto, al menos, lo que es la miseria... pero "la he visto yo?" me pregunto hacia mis adentros. 
Entre tanta charla, he devorado la tarta y la chocolatada. El hambre que traje parece realmente de un habitante de Somalía.
Unos minutos más tarde, alguien llama al celular de Nelli. Escucho que Nelli le cuenta que ya estoy ahí y en ese momento voltea hacia mi y me dice "es mi hija, quiere hablar con vos". Me pasa el teléfono para que hable con Ana María, quién suena muy dulce y amable por teléfono, y me pide que me quede más tiempo en su casa para que nos conozcamos (ella está de paseo y volverá el domingo 21), pero le explico cuáles son mis planes y sabe comprender. No obstante, me pide que lo piense y le de una respuesta en cuánto haya decidido.
Corto la comunicación y en ese momento, se aparece Leo, con quién entablo una charla también. El pibe, jugador de básquet e hincha de San Martín (sí, a pesar de que se fue de Tucumán de muy pequeño), está de vacaciones y por buen alumno no tiene materias para rendir en el verano. Siento que es muy compinche y conversamos de tantas cosas que hasta llego a comentarle que también soy un jugador del Pro Evolution Soccer. En ese preciso instante me invita a jugar, pero por las dudas le digo que yo "no juego mucho". Tres partidos en el PES 2010, con 2 victorias y un empate, dejan a Leo sorprendido. Me río y le explico que yo había "abierto el paraguas" ante una eventual humillación del joven jugador, y que el PES es un juego que me encanta y que muchas veces es motivo de reunión con amigos en Tucumán y en Biberach. Ahora entiende por qué yo de principiante no tengo nada.
Después de una reconfortante ducha, le pregunto a Leo si puedo acceder a Internet desde algún lado, a lo que el chico responde muy amablemente que puedo usar su laptop o de la de su mamá. Aprovecho la ocasión y muy relajadamente me pongo al día con decenas de mensajes en Facebook y mails, haciéndoles llegar a todos, en Argentina y en Alemania, mis saludos y noticias de que me encuentro super bien.
Nelli no acepta mi propuesta de ir al super a comprar comida, y tampoco logro llevármelo de cómplice a Leo, así que seré también invitado para la cena. El día se está terminando y mi cansancio acumulado por "dormir" en el aeropuerto de Milán, más todo el trajín del día, me convencerán de que por hoy están terminado los planes.
Durante la cena, en la que compartimos una típica cerveza española San Miguel con Nelli, hago todas mis averiguaciones para llegar a la ciudad y pido todas las recomendaciones de las cosas que debería ver. Nelli le pide a Leo que me acompañe, pero yo les digo que no es necesario, pensando que tal vez Leo no aguantará caminar conmigo la ciudad como vengo haciéndolo y también que él sienta la obligación de hacerlo sólo porque su abuela se lo pidió. Sin embargo, su entusiasmo es muy genuino y me convence de llevarlo. Sin dudas, va a ser más divertido que andar sólo. Mientras él ve un partido de básquet por televisión convenimos que mañana a las 10 saldremos de casa. Finalmente nos deseamos las buenas noches pero yo me quedo un rato más en el balcón, en silencio, disfrutando la preciosa noche estrellada, hasta que mi celular me saca de mi ensimismamiento: primero Melanie, mi amiga alemana, y luego mi hermano, desde Tucumán, ambos deseándome un feliz cumpleaños. Sí, es 20 de agosto, pero curiosamente, no he estado pensando tanto en eso. Imagino que es porque no tengo que organizar nada en particular. Muy contento, me retiro pensando "Mañana va a ser un día espectacular!".

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