"Qué lindo dormí" pienso, aunque miro el reloj y son las 10 am. Fueron pocas horas, pero de calidad.
Me dirijo a la cocina, en busca de comida, pero me conformo con un poco de pan y yogurth. Vero, Giulia y Manu, su novio, no se han despertado todavía y me parece todavía tienen para rato. Vuelvo a mi habitación para seguir buscando un vuelo que me saque de Italia. Sin embargo nada me convence. Volar hoy sería muy caro, pero hacerlo mañana sería algo más económico. Me siento una hora en la pc subiendo fotos de Florencia y Roma a Facebook, y contestando algunos mensajes que me quedaron colgados, hasta que escucho que la tropa ha salido de la cama.
Arriba están todos despiertos, tomando café, y después de una corta charla llega la determinante pregunta: "Fede, ya encontraste vuelo?". Giù y Manu tienen planeado un viaje corto hoy a la tarde, por lo que yo también debo emigrar. Mis intenciones de quedarme una noche más en Reggio Emilia están destruidas.
Mi respuesta negativa transforma sus caras y me replican con un "y qué vas a hacer?". "Ya mismo bajo y me encuentro uno".
"Bueno, parece que me tengo que ir" me digo a mi mismo en voz alta mientras me siento nuevamente en la PC. Rápidamente encuentro el vuelo para mañana que había visto anteriormente, desde Milán hacia Valencia. Lo compro sin tanto titubeo y a los dos minutos busco en mi agenda el número de Nelli, el contacto que tengo en Valencia. Llamo desde Skype y me atiende una mujer. "Habla ella" me contesta, al preguntar por la tal Nelli. Me presento, y le explico de donde tengo su número. "Te estamos esperando" me dice, seguido de "acá te podés quedar a dormir sin ningún problema. Hablame de nuevo cuando estés en el aeropuerto de Valencia". Luego de agradecer tanta hospitalidad, me despido y finalizo la llamada. "Genial, no me tengo que preocupar por dónde dormir!"
Vuelvo donde Giù y el resto para informarles de mi itinerario de viaje, y preguntar por una impresora para imprimir mi pasaje. Acordamos con Vero, quien tiene que volver a Parma (justo en dirección de Milán), partir cerca de las 15.45.
Ahora, con todo listo para llegar a Valencia, me queda un hueco enorme de 16 hs en el medio el que tendría que rellenar. No tengo idea cómo. Ya veré...
Es la hora de almorzar, y Giù me da la posibilidad de elegir entre dos platos por mi condición de huésped. Manu me recomienda carbonara, mientras Giulia me aclara que ese es su plato favorito. "Ah, ahora entiendo por qué lo recomendás" le digo y me responde con una sonrisa.
En el almuerzo aprovecho para charlar un poco con Manu y conocerlo, ver cuales son los planes de la pareja, etc. El es vendedor de seguros y estudia algo así como comercio internacional. Si bien hace ya unos años que están juntos, son bastante cautos y ni se habla de la posibilidad de matrimonio. Ambos tienen, al parecer, otras metas primero. Nuevamente confirmo que los italianos se parecen mucho a nosotros al escuchar que viven con sus padres hasta grandes, dado que las posibilidades que les brinda el país para emanciparse son magras.
La carbonara está espectacular y he observado la preparación para llevarme la idea "a casa". No es para nada difícil. Esto es lo que yo llamo "100% intercambio cultural".
Mientras nos preparamos un café, Giù me imprime el pasaje de avión y me pregunta qué haremos hasta las 15.45 que sale el tren hacia Milan. Le digo que sería bueno tomarnos un helado en la misma heladería de ayer, lo que todos ven con buenos ojos.
Preparo mis cosas y aprovecho para darle a Giù un par de atuendos de invierno que no pienso seguir cargando en mi mochila. Italia me ha calcinado y si en algún momento necesito ropa de invierno, sacrificaré mi billetera. Ella enviará todo con unos compañeros alemanes que vendrán a visitarla la semana que viene.
Ya en la heladería solo Giulia acepta mi invitación de helado. Aunque yo también estoy muy satisfecho desde el almuerzo, no puedo negarme a tomar otro buen helado. Pago ambos con €20 y recibo el vuelto como si hubiera pagado con €5 (ambos son de color azul/verde). Miro a Giulia con cara de "ayudame, me están haciendo la guita!". Le aclaro lo sucediodo, y ella me pregunta si estoy seguro, a lo que le digo "claro!", entonces le dice a la vendedora que yo pagué con €20. La vendedora pregunta ahora "seguro?", y Giù me traslada nuevamente la duda "seguro?". Ahora mi seguridad cae a la mitad, pero no me puedo echar atrás. Con toda la convicción del mundo y serio digo "claro!!!". Finalmente la heladera me da el vuelto faltante, pero con mucha cara de orto. No importa, yo estoy (casi) seguro de que pagué con €20. Y sino, que lo consideren mi tarifa por haberles honrado con mi dulce presencia.
Tomamos rápidamente el helado y conversamos un poco de mi plan de viaje. Les digo que de Valencia pasaré hacia Madrid, donde me está esperando mi prima, que hace años no veo, y ahí aprovecharé para descansar correctamente. Luego tal vez Portugal, aún no lo sé, pero con mi ticket de tren podré elegir casi en cualquier momento a dónde ir.
Es casi la hora de salida del tren, y Giù maneja a gran velocidad para llegar a tiempo. Ahora estamos nuevamente en la estación de trenes, donde ayer me ha recogido y hoy tengo que decir de manera apresurada "chau". Con un abrazo y beso enorme nos despedimos, mientras pienso nuevamente que tal vez no vuelva a verla. Manu también me da un gran abrazo y aprovecho para decirles que siempre habrá un lugar en Tucumán para ellos, si algún día lo visitan.
Vero y yo abordamos el tren. Ambos estamos en silencio, hasta que le pregunto a ella cuales son sus planes. Por ahora es solo escribir su tesis y buscar un trabajo. Sin mucho más para hablar, aprovecha para darme algunos tips en Milán. Luego silencio nuevamente, hasta que llegamos a su estación en Parma y nos despedimos calurosamente, deseándonos lo mejor para lo que sea que venga.
Me distraigo un rato sacando fotos por la ventanilla, hasta que me aburro. Música y un libro vuelven a ser mi única compañía. Me suena un poco de Kevin Johansen, Hindue Blues (http://www.goear.com/listen/0cca437/hindue-blues-kevin-johansen), y me duermo.
| Camino a Milano |
Me saca de mis dulces sueños la disminución de velocidad del tren. Al mirar por la ventanilla se ven edificios altos, adornados con la caliente luz anaranjada del sol de las tardes italianas. Trago un poco de saliva mientras siento nuevamente esa tremenda adrenalina de pisar lo desconocido, y ni siquiera saber que dirección tomar una vez que abandone el tren.
La estación de Milan es, por lo menos, enorme. Información turística está cerrada, a pesar de que ni siquiera son las 18. Toda la gente está de paso y nadie me parece la persona indicada para preguntarle acerca de un hostel para dormir, por lo que decido encarar una vez mas la ciudad a mi manera. Mientras abandono la estación y me enfrento a las grandes cantidades de cemento, empiezo a pensar que elijo esta manera de hacer tour simplemente por una cuestión de aventura. A pesar del tamaño de la ciudad, las calles están desiertas, de gente y de vehículos. "Hace calor, si, pero también son vacaciones" pienso. Decido seguir "derecho" en dirección de una gran avenida. En algún momento, veo una pareja con valijas en la vereda de enfrente que intenta leer el mapa que su smartphone le muestra mientras caminan en mi misma dirección. Me cruzo para sacarles información, ya que seguramente buscan un lugar donde dormir. Los saludo, y sin detenernos les pregunto si necesitan un lugar donde dormir. Me dicen que ya hicieron la reserva del hotel y que están intentando encontrarlo. No son muy amistosos. Las ciudades grandes asustan evidentemente a la gente y hacen que desconfíen de cualquiera que se les acerque, por más que esa persona cargue una mochila enorme con más de 10 Kg. "Gracias" les digo, mientras los dejo seguir su camino.
| Milano Centrale! "Y ahora qué hago?" |
| Igual que Retiro, no? |
Me desvío de la avenida, porque tengo una necesidad que satisfago con maestría y además pienso que no encontraré ayuda ahí al pensar "Encontraría yo un hotel en la Avda. Mate de Luna o Belgrano?!". Un hotel que encuentro rápidamente en una de las calles paralelas me da la razón. Sin embargo, el recepcionista me mira desde el momento en que abrí la puerta como "qué hacés acá? este lugar está fuera de tu alcance", entonces con mi prejuicio como mejor excusa, me salteo el protocolo de preguntar cuánto cuesta una habitación individual por una noche y voy directamente al grano: "conoce un albergue juvenil en Milan?". "No, no sé" me contesta. "Hmmm, no me haré amigo de este Sr." pienso, mientras doy mediavuelta diciendo "grazie", cuando veo un mapita de la ciudad en uno de esos estantes donde dejan panfletos de mil cosas en los hoteles. "Algo es algo" digo en voz alta y me retiro.
Al menos ahora sé dónde estoy parado. Mientras voy mirando mi mapa al caminar, parece que me voy adentrando a una zona baja de Milán, donde se ve gente de piel oscura, carteles en chino/japonés/etc. Encuentro otro hotel de una estrella, administrado por un japonés. Le pregunto por una noche y me dice 35€. "Tante grazie!". Era una estrella y se veía inmundo! No parece que Milan se vaya a apiadar de mi cansado cuerpo y darme un lugar para descansar.
Finalmente atravieso la zona fulera, que ya estaba empezando a inquietarme y me topo con otra gran avenida. Decido encarar directamente rumbo a la Piazza del Duomo, que Vero me ha recomendado ver. Mientras pateo las calles, me acuerdo de algo que me dijo Ramiro y le doy la razón: Milán no se ve ni la mitad de bello de lo que es Roma. Se ve gente muy a la moda, algunos hombres con trajes de seda, algunos edificios viejos y un parque cercado que no se ve nada atractivo, pero nada que me llame verdaderamente la atención. No me quedaría acá más de un día.
Es cerca de las 19 y está oscureciendo, me encuentro cerca de la Piazza del Duomo, y la zona está infestada de locales de moda: Gucci, Dolce & Gabbana, Giorgio Armani, Diesel, etc., cuyos empleados esperan impacientes en la vereda por clientes. "Mi viejo se moriría si ve a los empleados 'rascándose las pelotas' de esa manera". Todo es indiferente para este argentino que camina las calles frente a los coquetos locales de bermudas azules, remera verde de 3€ y Havaianas marrones.
Finalmente, después de largos 40 minutos de caminata sin parar, me topo con la Piazza del Duomo y la catedral de Milan. Imponente y espectacular. Pero tiene algo que me molesta tremendamente: una publicidad de Citröen cubriendo una de sus torres en restauración. Horrible. "El marketing se nos está metiendo hasta por el o**o". Al menos, la plaza muestra más vida que el resto de la ciudad, con turistas y niños jugando, y las palomas infestando el lugar, revoloteando de un lado al otro.
| Linda publicidad... ah, sí, y la Catedral también. |
| Intentando capturar el detalle |
| Lindo, no? |
| Palomas y caca por todos lados |
| La figura en bronce sobresale claramente sobre el resto |
| Un lindo jardín frente a la Catedral |
Muy cerca está la galería Vittorio Emanuele II, donde hay cientos de restaurantes y cafés, que en este viaje no visitaré. Me copo más de media hora con las fotos y apreciando los últimos minutos de luz natural, aunque no habrá atardecer para apreciar. La mole de cemento me rodea y lo tapa todo.
| "Dónde encontraré un lugar para dormir?!" |
Ahora si estoy preocupado. Es cerca de las 20 y no tengo donde dormir. Decido dar un paso más allá a lo desconocido, esperanzado en encontrar un bendito hostel. De repente, algún poder divino decide premiar mi perseverancia y mi gusto de arriesgar. En una callejuela cuelga un gran cartel sin iluminación que dice "Hostel". El lugar parece nuevo, y apenas piso el lugar se me acerca quién se presenta como el encargado del lugar: un hombre de unos 40 años, con pelo largo, tatuajes y ropa que podría calificarse de "hippie". Me saluda amablemente, me invita a tomar asiento y a charlar. Es italiano y habla español casi perfecto. Al dejar mi mochila sobre el suelo, él nota mi cansancio. Le digo que soy de Tucumán, y me dice "Tucumán!!! Tafi del Valle!! Qué hermoso!!". Es un tipo que se ha viajado el mundo entero, y que ahora ha decidido lanzarse al mundo de los negocios con unos amigos mediante algo que lo mantendrá medianamente unido a su pasión de viajar: un hostel. Me cuenta que en Milán no hay otros y esperan que sea una acertada apuesta. Me dices "tienes sed? se te ve acalorado", y si que lo estoy. Transpirado, con las marcas de las cintas de mi mochila sobre mis hombros, cualquiera podría notarlo. No obstante yo tengo mi agua, le digo "si" y me ofrece cerveza o agua, a lo que respondo sin pensar "agua". Es entonces cuando me doy cuenta de que no será gratis, por lo que apuro la conversación y voy al grano: "necesito un lugar donde dormir, lo más barato posible porque no me quedo en Milán y vuelo mañana. Qué tenés para ofrecerme?". Me contesta que una cama en la habitación de 8 personas cuesta €30. Justo cuando llega uno de sus lacayos con el agua fresca para mi, me pongo de pie, tomo mi mochila y le digo "lo voy a pensar, es mucho para unas cuantas horas. Voy a comer algo y si me convence vuelvo". El agua queda sobre la mesa sin tocar y yo escapo rápidamente por la puerta.
"Hmmm, qué hago?" me pregunto. Ahora divago por las calles abandonadas, hasta que encuentro un Mc Donalds, a punto de cerrar y son las 2050!!! "Qué pasa con esta ciudad?!" Encargo un Mc Menú, que rapidamente sale y me siento solo a comer, mientras escucho música y anoto mis gastos del día. Intento encontrar una solución a mi problema habitacional, pero no tengo tantas opciones. "Podría dormir en la estación de trenes" me digo a mi mismo.
Al finalizar mi hamburguesa, tomo todas mis cosas y encaro hacia el baño para lavarme un poco "el chivo" como dirían algunos amigos, entre otras cosas. Mientras me lavo los dientes, el unico empleado de seguridad que queda se acerca hacia la puerta del baño para controlar mi comportamiento. Al verlo por el espejo, le muestro una hermosa sonrisa llena de espuma de dentífrico y sin contestarme, se va.
Paso nuevamente frente al hostel y ahora me siento seguro de no dormir ahí. No vale la pena pagar tanto por unas cuantas horas, lo que he llegado a ver de Milán no me ha atraído para nada. Bajo al subte y decido volver a la estación de trenes, donde podría pasar la noche y en caso de aburrirme, pasear un poco mañana temprano antes de salir hacia Malpensa, el aeropuerto de Milán desde donde sale mi avión. Intento leer, escuchar música, pero no hay un lugar cómodo para estar, y además me da algo de mala espina que vayan a cerrar la estación y a pedirme que la desaloje más tarde, por lo que me levanto para comprar en una de las máquinas automáticas el ticket que me lleve al aeropuerto esta misma noche. Mientras navego en la máquina buscando el ticket, una mujer se me acerca para preguntarme si necesito ayuda, aunque sé que lo que quiere en realidad es cobrarme por su ayuda. Le digo no y la espanto con una cara poco amistosa. Compro mi ticket y me voy directo a tomar el penúltimo tren de hoy, antes de esperar por el primero de mañana a las 4 am.
| Ah, dame un lugarcito para sentarme |
El tren está prácticamente vacío y empiezo a dormitar hasta que la inspectora me saca del letargo para controlar mi ticket. Ya no puedo seguir durmiendo.
| Impecable el tren que te lleva al Aeropuerto |
| Ahora te muestro lo cómodo que me pongo para viajar |
El tren llega luego de media hora y me deja en el subsuelo. El aeropuerto es enorme, como todo aeropuerto de ciudad grande. Deambulo de un lado al otro, voy al baño y vuelvo, me siento en unos asientos de espera, intento dormir, pero no funciona. Me vuelvo a levantar para buscar otro lugar, mientras el reloj marca la 1. "Qué mala idea!" me digo, hasta que encuentro un lugar donde poder acostarme al menos, cuya superficie de piedra granito me enfría y me revienta la cansada espalda! "Ésta sí que va a ser una noche larga!"...
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